Luis Gallegos Chiriboga

Atrocidades cometidas y por cometer

El mundo civilizado ha levantado su voz de alarma por la caída de Afganistán en manos, nuevamente, de un régimen Talibán. Las escenas de miles de personas tratando de huir por el aeropuerto de Kabul han dado la vuelta al mundo y nos han hecho reflexionar sobre las atrocidades que la ignorancia y el fanatismo son capaces de cometer en nombre de Dios y de una interpretación extremista y torcida de la religión, violando todos los preceptos universales de derechos humanos.

El término Talibán significa “discípulos” de la religión, adoctrinados en una interpretación que eruditos del Corán de otras latitudes no aceptan y que califican como un desprestigio a todo lo que es musulmán.

Sin necesidad de remontarnos a las guerras entre los imperios británico y ruso, es menester recordar que el ejército de la Unión Soviética, que ocupó el país de 1979 a 1989 para defender al gobierno comunista, salió derrotado. Cabe mencionar las gestiones de Diego Cordovez, entonces Subsecretario de Naciones Unidas, para alcanzar la paz en ese país. Los adversarios geopolíticos de la Unión Soviética, entre ellos Estados Unidos, armaron y equiparon a los “muyahidín” o sea los “combatientes islámicos” que luchaban contra el ateísmo comunista, convirtiendo a la misma en una “guerra santa” contra el no creyente y contra Occidente.

El gobierno del Talibán desde el año 1996 al 2001 hizo del denominado “Estado Islámico de Afganistán” un refugio de terroristas y un campo de concentración en donde se cometieron estas abominables atrocidades.

Finalmente fueron expulsados del poder por una alianza militar encabezada por Estados Unidos acusados de haber dado refugio a quienes atacaron las Torres Gemelas de Nueva York.

Estos “combatientes por la fe” anclados en preceptos medievales, derrotaron a un ejército moderno de 300.000 soldados equipados hasta con aviación, que cayó como un castillo de naipes demostrando que no estaban convencidos de lo que defendían y de lo que ofrecía la cultura occidental.

El 31 de agosto, el último soldado occidental derrotado dejó Afganistán.

El Acuerdo firmado entre Donald Trump y los Talibán, a cambio que no se convierta en refugio y auspiciador de terroristas se rompió cuando ISIS hizo explotar una bomba matando a más de 200 civiles e hiriendo a cientos, demostrando que ni los talibanes son capaces de controlar el terrorismo que cunde en el Medio Oriente.

Vano esfuerzo de 20 años, miles de muertos y cientos de miles de heridos, amén de miles de millones de dólares gastados. La gran lección es que quien manda miles de fusiles recoge cientos de miles de refugiados.

Hoy vuelven al poder los talibanes y es de esperar que vuelvan las atrocidades.

Suplementos digitales