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Messi y el Mundial, cuarto capítulo de una historia de desencuentros

El delantero y capitán de la selección de Argentina, Lionel Messi, durante el entrenamiento  en la localidad de Bronnitsy, previo al debut de la selección argentina contra Islandia, correspondiente al Mundial Rusia 2018. Foto: EFE

El delantero y capitán de la selección de Argentina, Lionel Messi, durante el entrenamiento en la localidad de Bronnitsy, previo al debut de la selección argentina contra Islandia, correspondiente al Mundial Rusia 2018. Foto: EFE

El delantero y capitán de la selección de Argentina, Lionel Messi, durante el entrenamiento en la localidad de Bronnitsy, previo al debut de la selección argentina contra Islandia, correspondiente al Mundial Rusia 2018. Foto: EFE

Lionel Messi comenzará a jugar mañana en Rusia el torneo que lleva esperando desde el 13 de julio de 2014, el día en el que la Copa del Mundo se le escapó por centímetros en el Maracaná.

Será el cuarto -¿y último?- Mundial para el argentino, un nuevo capítulo de una historia que hasta ahora le deparó más disgustos que alegrías. Cada una de sus experiencias en Mundiales acabó hasta ahora siempre en el mismo rival: Alemania.

En 2006, un joven Messi se despidió con una enorme frustración al no jugar ni un minuto del partido de cuartos de final ante la “Mannschaft” en una cuestionada decisión de José Pékerman.

En 2010, con Diego Maradona en el banco, cayó vapuleado 4-0 ante Alemania en la misma instancia y en 2014 volvieron a ser los germanos los verdugos en la final. ¿Será Rusia 2018 la última oportunidad pese a que sólo tiene 30 años? “Me preguntan si será mi última Copa del Mundo y no lo sé.

No me lo planteo ahora. Seguramente dependerá de cómo nos vaya este mes, de cómo terminemos en el torneo”, dijo en una de sus columnas para el diario La Nación.

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El crack del Barcelona llega ahora en buena forma al Mundial de Rusia, incluso mejor que en Brasil, pero su problema es el mismo de toda la vida con la selección argentina: un equipo y un contexto general -organizativo y dirigencial- que no propician el despliegue de todo su potencial, sino más bien lo contrario.

El camino de Argentina hacia el Mundial de Rusia acumuló todos los inconvenientes posibles.

Tres entrenadores diferentes entre una Copa del Mundo y otra, una clasificación dramática en Ecuador y una fase final de la preparación sin ningún test importante tras la cancelación del amistoso ante Israel en Jerusalén en medio de un escándalo diplomático.

“Argentina no es candidata al título”, sentenció con rotunidad el propio Messi, que puso por delante a equipos como Alemania, España,Francia o Brasil.

Sin embargo, la mera presencia del crack del Barcelona -que anotó cinco goles en los tres Mundiales que jugó- coloca a Argentina en una consideración diferente. “En cualquier torneo y en cualquier campeonato, el equipo donde juegue Messi es el principal candidato”, dijo por ejemplo Juan Antonio Pizzi, el técnico argentino de Arabia Saudí.

El Mundial de Rusia encontrará a un Messi más maduro dentro y campo del juego, un jugador menos explosivo pero más completo y más cerebral. Y también más descansado, si se compara con el modo en el que llegó a Brasil hace cuatro años.

Entre el debut de mañana ante Islandia en el estadio del Spartak de Moscú y su último encuentro con el Barcelona en la Liga española, el 20 de mayo ante la Real Sociedad, habrán pasado 27 días. Y eso que en ese partido, ya con la Liga decidida, apenas jugó unos minutos tras ingresar como suplente. Transcurrió, por lo tanto, prácticamente un mes entero en el que Messi pudo ponerse a tono para intentar saldar su gran cuenta pendiente con el fútbol. O del fútbol con él.

“Sepan que llegamos a Moscú tranquilos, con mucha ilusión, con muchas ganas de arrancar. Nos estuvimos preparando muy bien estas semanas. Tenemos grandísimos jugadores y vamos a luchar en cada partido”, dijo el crack en su columna en La Nación.

“Está super enchufado”, destacó el arquero albiceleste Wilfredo Caballero en la bucólica Bronnitsy, el pequeño pueblo ruso ubicado a unos 60 kilómetros de Moscú en el que Messi pasa los días en Rusia.

“Estoy sorprendido para bien por cómo lo veo. Ojalá arranque bien el Mundial y esté suelto. Si Leo está bien, vamos a estar bien”, confió el guardameta. Si a Brasil llegó tras una temporada marcada por las lesiones, Messi arribará a Rusia tras una campaña relativamente libre de problemas físicos.

Solo las molestias en el isquiotibial y en el aductor, que le impidieron jugar en el catastrófico 6-1 ante España a fines de marzo, le generaron un dolor de cabeza que parece ya superado.

Messi disputó 55 partidos con el Barcelona esta temporada, unos 3.784 minutos entre las distintas competiciones. Pero las cifras son relativas, porque el argentino aprendió a dosificar como nunca dentro de la cancha. En el Mundial, Argentina necesitará a un Messi al cien por ciento. Aunque el crack también requerirá de un equipo que acompañe y lo ayude a que su cuarto Mundial termine con un sabor diferente. Y que no sea el último.

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