Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

La Tri femenina: un doloroso papelón

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Viernes 12 de junio 2015

Lo de Ecuador en el Mundial femenino es una completa vergüenza. Sí, es verdad que esto no es culpa de las jugadoras. Después de todo, ellas apenas son un equipo amateur que se ha enfrentado a dos equipos ultra-profesionales (a pesar de que Camerún y Suiza eran debutantes en este torneo) y Japón, el último rival del grupo, es aún mejor.

Ellas asumieron con fe representar al país. Pero fueron hormigas contra elefantes. Han ido a una guerra armadas de valor pero sin la preparación adecuada, las armas correctas ni las experiencias competitivas mínimas para sostenerse. Ha pasado lo obvio cuando choca una fruta contra el pavimento.
Ya nos hemos referido a varios aspectos estructurales del fútbol femenino ecuatoriano luego del papelón con Camerún. Ahora es pertinente señalar las otras derrotas que han sufrido las seleccionadas.

1. ¿Y Luis Chiriboga?

El primer Mundial femenino de Ecuador no contó con la presencia física de Luis Chiriboga, quien prefirió la Copa América. ¿No merecían las jugadoras el respaldo de Chiriboga, si después de todo fue gran responsable de la clasificación, un hito histórico además? El Presidente de la Ecuafútbol logró que la Copa América de mujeres se jugara en Ecuador a pesar de que fuimos anfitriones en el 2010. Logró que a la Tricolor le tocara un grupo más fácil que aquella vez, sin Chile, Argentina y Brasil, que se mataron entre sí. Gestionó con el Gobierno apoyos financieros. Pero no estuvo en el Mundial para afrontar este doloroso papelón. ¿Intuyó que venía la debacle? Quizás. Chiriboga sabe demasiado de fútbol y era fácil prever que Ecuador sería despedazado. Sin embargo, deberá responder por esto, pues la FEF ha sido incapaz de encontrar la manera de impulsar el desarrollo del balompié de la categoría, la gran razón de que Ecuador no haya podido pararse ni 30 minutos en los dos cotejos que ha jugado.

2. ¿Y la liga femenina?

Como consecuencia de lo anterior, no hubo apoyo para sostener el formato de la liga femenina y este año, ¡justo el año del Mundial!, el torneo tuvo menos fechas. Sin partidos, ¿cómo se desarrolla un jugador? ¿Con PlaySation? Las rivales llegaron al Mundial con al menos 30 cotejos de liga, sin contar los amistosos de las selecciones.

3. ¿Y los medios que apoyan al fútbol femenino?

Ningún canal de TV abierta compró los derechos del torneo ni tampoco alguna radio, ni siquiera los que se han ufanado por ‘apoyar’ al fútbol femenino y/o por estar en todos los torneos importantes. Tampoco se enviaron grandes equipos periodísticos. Los medios públicos se han borrado.

4. ¿Y la cautela?

Siempre será mejor el perfil bajo. Pero por alguna razón se confundió el legítimo orgullo de que este equipo haya clasificado al Mundial con el triunfalismo. Todos vimos cómo llegó esa clasificación, con los méritos que ya sabemos pero también con una enorme dosis de suerte en la repesca. Nos hemos dejado llevar por las etiquetas y las frases hechas (“son unas guerreras”, “ya es un triunfo estar en el Mundial”…) propias de esos horribles 'realities shows¿ que tanto se empeñan en vendernos hazañas falsas y personajes vacíos. Y en determinados momentos el ambiente previo al Mundial pasó a ser un espectáculo, con los típicos almuerzos en Carondelet con baile y todo, y el récord Guinness por la edad de la entrenadora, una anécdota que más bien habla en contra de la seriedad del proceso que a favor. Pero, ¿y los cotejos amistosos, fueron los necesarios? ¿Fueron correctos los microciclos? ¿Hubo el estado físico adecuado? Ecuador ha sido en este Mundial un cascarón vacío, sin ataque, sin transición, sin defensa, sin banca, sin talla, sin técnica, sin estrategia y, para colmo, sin suerte. ¿No es símbolo de todo esto que una misma jugadora haga dos goles en contra en un mismo cotejo? Hubo amor, es innegable, y qué más prueba que los grandes sacrificios que han hecho las jugadoras para estar en la Selección; pero como Calamaro canta, “una guerra no se puede ganar con amor”. Y tampoco un partido profesional.

5. ¿Qué se viene?

Primero, intentar cerrar con Japón de la manera más digna posible. Perder 5-0 estaría bien. Luego, ya en serio, cuando pase este luto, ponernos a debatir de verdad sobre el fútbol femenino que queremos ver y sobre los pasos a seguir para conseguirlo. Si no, el fútbol femenino, el de nuestras hijas y nuestras nietas, seguirá siendo barrial, callejero, para hacer deporte.