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Manabí y Guayas son los bastiones de ‘Fito’ y ‘Junior’

La semana pasada un documento, que circuló por redes sociales, señaló que los dos jefes han ordenado más hechos violentos en las prisiones. Foto: EL COMERCIO

El ruido de las motocicletas se escucha a cada hora en los barrios de Manta. Esta localidad de Manabí desde hace cinco días vive un intenso movimiento de desconocidos que se transportan en motos, vehículos con vidrios oscuros y camionetas todo terreno.

Los carros de militares y las patrullas de policías también recorren durante todo el día las calles de la ciudad. La gente dice que la calma se perdió el miércoles pasado. Ese día fue secuestrada la hija de alias ‘Fito’, líder de la banda narcodelictiva Los Choneros.

Desde entonces, en barrios como San José, 9 de Octubre, El Paraíso y Tarqui, la gente tiene miedo de salir de sus casas. Hombres armados han llegado para amenazar de muerte a todos quienes traicionaron a la banda originaria de Chone.

La última vez que vivieron algo parecido fue en diciembre pasado, cuando sicarios asesinaron a Jorge Luis Zambrano, alias ‘Rasquiña’. Él fue por más de una década líder supremo de esa organización criminal. Con su asesinato el nombre de ‘Fito’ tomó poder y, pese a que tenían una estructura jerárquica, aparecieron las divisiones. Hoy es considerado por la Policía como uno de los cabecillas responsables de la violencia que se vive en las cárceles.

De hecho, está recluido en la Penitenciaría del Litoral desde hace 10 años cuando lo condenaron por asesinato. Pero su actividad criminal empezó en el 2009. Así lo confirma el archivo de la Función Judicial. En su expediente constan 16 cargos de distintos delitos. Entre los más graves están asesinato, tenencia de armas, narcotráfico y delincuencia organizada. Actualmente cumple una pena de 35 años.

De la mano de ‘Rasquiña’, alias ‘Fito’ aprendió a manejar las actividades delictivas dentro y fuera de la cárcel. El envío de droga a México, Europa y Estados Unidos es la principal fuente económica de la organización. Pero dentro de las cárceles, la extorsión, el microtráfico, la venta de beneficios carcelarios y el encargo de asesinatos son otras fuentes que financian a la banda.

Para los crímenes, Los Choneros tienen un brazo armado llamado los Chone Killers. Ellos se encargan de los asesinatos de sus enemigos en Manabí, Los Ríos y Guayas.

De esta parte delictiva también se encarga alias ‘JR’ o también conocido como ‘Junior’. Él es el segundo cabecilla más poderoso de Los Choneros.

Actualmente está en la cárcel Regional. La Policía lo ha vigilado en último año y tienen información de que él es el cerebro de las arremetidas en las cárceles de Guayas.

Fue detenido en 2015 y en ese entonces fue señalado por estar involucrado en 32 asesinatos. Policías y funcionarios judiciales eran sus blancos. De allí que en las últimas matanzas de la Penitenciaría lo señalan como uno de los autores.

Su fama en el mundo del crimen radica en el pequeño cantón de El Triunfo, en Guayas. Allí la gente lo conoce como el comandante. Su rostro ha sido pintado en murales de barrios populares. La gente lo conoce porque donaban electrodomésticos y comida a las familias más necesitadas.

Hoy ‘Fito’ y ‘JR’ son monitoreados al máximo. La semana pasada un documento, que circuló por redes sociales, señaló que los dos jefes han ordenado más hechos violentos en las prisiones.

Incluso, la amenaza abarcaba a sectores estratégicos del país. Inteligencia policial y militar señalan que ellos actualmente mantienen una disputa con los líderes de otras redes como Los Lobos, Tiguerones y Los Lagartos.

Estas últimas, apoyadas por el cartel mexicano Nueva Generación, buscan apoderarse de los territorios de Los Choneros, tanto dentro como fuera de las prisiones. En el último año, estas mafias han planificado las muertes de sus enemigos.Informes del Servicio de Rehabilitación (SNAI) revelan que, tras las masacres de febrero pasado en Azuay, Guayas y Cotopaxi, Los Choneros quedaron debilitados. De hecho, en la última prisión el dominio lo tienen Los Lobos y Lagartos.

De allí que, en las cárceles de Guayas, Los Choneros se mantienen firmes ante sus rivales.

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