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Una contundente victoria demócrata cambió el equilibrio de poder en el Congreso de Estados Unidos. Los republicanos perdieron el control de las dos cámaras y sufrieron derrotas en territorios que durante décadas mantuvieron bajo su dominio, como Texas. El resultado representa un duro revés para el presidente Donald Trump, quien deberá afrontar los dos últimos años de su mandato con una oposición fortalecida y capacidad para frenar sus principales iniciativas.
Los resultados de las elecciones legislativas del martes 3 de noviembre superaron las previsiones de las encuestas. Los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes con una mayoría que podría llegar a los 244 escaños, frente a los 218 necesarios para controlar el hemiciclo. Además, consiguieron una victoria que parecía más difícil: cambiar la mayoría en el Senado. El nuevo escenario político limitará el margen de acción de Trump y permitirá a sus adversarios someter a su Administración a un mayor escrutinio.
La derrota republicana tuvo uno de sus episodios más significativos en Texas. James Talarico, pastor presbiteriano y educador, venció a Ken Paxton, fiscal general del estado y candidato respaldado personalmente por Trump. Con este resultado, Talarico se convirtió en el primer demócrata elegido al Senado federal por Texas en 38 años.
El cambio también alcanzó al Gobierno estatal. La demócrata Gina Hinojosa derrotó al gobernador republicano Greg Abbott, quien buscaba un cuarto mandato consecutivo. Hinojosa asumirá como la primera latina en ocupar ese cargo y terminará con más de tres décadas de dominio conservador en el estado.
Los resultados texanos también reflejan un posible cambio en el comportamiento electoral de la población latina. En 2024, este grupo contribuyó a la victoria de Trump con un respaldo histórico. Ahora, los resultados muestran un distanciamiento de ese electorado frente al Partido Republicano.
Kansas también registró un resultado histórico. Adam Hamilton consiguió una victoria que puso fin a una racha de casi 100 años sin que un demócrata llegara al Senado federal por ese estado.
La oposición consiguió triunfos en otros territorios, como Carolina del Norte, Carolina del Sur, Iowa y Ohio. En Florida, en cambio, los republicanos lograron resistir, aunque también enfrentaron dificultades durante la jornada electoral.
El nuevo reparto de fuerzas tendrá consecuencias directas en el funcionamiento del Gobierno. Desde la Cámara de Representantes, los demócratas podrán bloquear proyectos legislativos de Trump, abrir investigaciones e impulsar procesos de juicio político contra el presidente o integrantes de su gabinete.
Sin embargo, una eventual destitución necesitaría el respaldo de dos tercios del Senado. El control de esta cámara también permitirá a los demócratas influir en decisiones de política exterior y frenar la confirmación de candidatos al Tribunal Supremo.
De esta manera, Trump tendrá que gobernar con un Congreso adverso durante el tramo final de su presidencia. Además, no podrá buscar un tercer mandato en las elecciones de 2028.
Durante la noche electoral, Trump intentó tomar distancia de los resultados. A través de un mensaje publicado en su plataforma Truth Social, atribuyó la derrota republicana a que su nombre no apareció en las papeletas. También cuestionó a Greg Abbott, uno de sus principales aliados, por haberse distanciado de él.
“No me presenté a las elecciones y, de haberlo hecho, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría! Gracias por su atención a este asunto”, escribió el mandatario.
Sus declaraciones contrastaron con el papel que desempeñó durante la campaña. Trump participó activamente en la contienda, encabezó mítines casi a diario y convirtió las elecciones legislativas en una evaluación de su propia gestión. Incluso pidió a sus seguidores que acudieran a votar pensando en él.
La popularidad del Presidente terminó convirtiéndose en un problema para los candidatos republicanos. El malestar ciudadano por la inflación, el aumento del precio de la gasolina debido a la guerra de Irán, el impacto de los aranceles y las críticas a su política migratoria pesaron en el resultado electoral.
Más tarde, en declaraciones al diario The New York Times, Trump moderó su discurso. Reconoció que los resultados apuntaban a una victoria demócrata y manifestó su disposición a trabajar con la nueva mayoría del Congreso.
Esa postura representó un cambio frente a su comportamiento anterior. Trump nunca reconoció su derrota ante Joe Biden en las elecciones presidenciales de 2020. Antes de los comicios legislativos de este martes, también había advertido que únicamente aceptaría los resultados si consideraba que las elecciones habían sido “limpias”.
