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Samanes, Ceibos, Guayacanes, Sauces y Almendros no solo dan nombre a varios sectores de Guayaquil; también evocan especies de árboles que forman parte de la vegetación de la ciudad. Sus nombres mantienen vivo el vínculo entre el paisaje urbano y la naturaleza, pero también recuerdan la importancia de proteger el arbolado de una urbe en constante expansión y frecuentemente golpeada por las inundaciones.
En una ciudad como Guayaquil, donde las lluvias intensas pueden coincidir con mareas altas, el arbolado urbano puede ser parte de la solución, junto con una infraestructura de drenaje adecuada y una planificación urbana que respete los cauces naturales.
El ingeniero agrícola Mariano Sánchez García defiende la importancia de incorporar más árboles a las ciudades como una medida para mitigar los efectos de las inundaciones.
Durante una capacitación realizada en el Jardín Botánico de Quito, en diciembre de 2025, propuso aplicar la fórmula 3/30/300, un modelo de planificación urbana que establece que cada persona debería poder ver al menos tres árboles desde su vivienda, vivir en un barrio con una cobertura vegetal del 30 % y tener un espacio verde a no más de 300 metros de distancia.
Cuando llueve, las hojas y ramas de los árboles actúan como una barrera natural que intercepta parte del agua y retrasa su llegada al suelo. A esto se suma la función de las raíces, que contribuyen a mantener la estructura del terreno y favorecen la infiltración del agua, reduciendo la cantidad que fluye directamente por la superficie. Este proceso ayuda a disminuir la escorrentía, como se conoce técnicamente al desplazamiento del agua sobre el suelo, y puede contribuir a reducir su acumulación en las zonas urbanas.
Además, los árboles absorben agua a través de sus raíces para sus procesos vitales y liberan parte de ella a la atmósfera mediante la transpiración, un proceso que forma parte del ciclo natural del agua.
El arquitecto Rafael Baquerizo plantea una transformación urbana que apueste por construcciones de mayor altura, más espacio libre en los lotes y soluciones que permitan retener el agua lluvia en lugar de evacuarla directamente hacia las calles.
Como parte de esta propuesta, desarrolló un estudio que contempla la creación de un corredor esponja en Sauces 6, en el norte de Guayaquil, donde la vegetación es la mayor protagonista. El diseño incluye edificios con cubiertas verdes, patios permeables y una cuneta verde de seis metros.
El objetivo es que cada lote tenga capacidad para retener 50 milímetros de lluvia, favoreciendo la infiltración del agua y reduciendo el volumen que llega directamente al sistema de drenaje urbano.
La propuesta también contempla la plantación de samanes, árboles que, además de proporcionar sombra y contribuir a disminuir la temperatura del entorno, pueden interceptar parte del agua lluvia a través de sus hojas y ramas.
En la urbe porteña muchas de las especies de árboles endémicos han cedido espacio ante el crecimiento urbanístico y la incorporación de palmeras que repuntó durante la administración del exalcalde Jaime Nebot, lo que plantea interrogantes sobre la conservación de la cobertura vegetal y la identidad natural de Guayaquil.
Según Parques EP, durante la actual administración se ha sembrado más de 45.000 árboles, en su mayoría especies nativas adaptadas a las condiciones climáticas de la ciudad, como roble, samán, samancillo, guayacán amarillo, ceibos, y caobas.
“Esta política responde a una visión de ciudad orientada a fortalecer la cobertura vegetal, generar mayor sombra, contribuir a la regulación de la temperatura, mejorar las condiciones ambientales y recuperar funciones ecosistémicas en el espacio urbano“, sostiene.
A este medio se proporcionó una muestra con las georeferenciaciones correspondientes a distintos sectores que han sido intervenidos con siembras, que incluye sectores como la avenida Narcisa de Jesús, La Garzota, Parque Central de los Ceibos, Vía a la Costa, Parque Samanes, Bosque Protector Prosperina, Basa Naval Sur, Monte Sinaí, Plaza Colón, avenida Agustín Freire, Miraflores, entre otros.
Según la entidad, en Guayaquil la gestión del arbolado urbano contempla una tasa referencial de mortalidad cercana al 5 % de los árboles plantados.
En abril de 2026, la ciudad fue reconocida por primera vez como Tree Cities of the World (Ciudad Árbol del Mundo), una distinción internacional que reconoce a las ciudades que trabajan en la gestión y cuidado de su arbolado urbano.
Durante el 2026 el Municipio de Guayaquil ha ejecutado 7.354 podas técnicas en diferentes sectores de Guayaquil. “Estas intervenciones se realizan de acuerdo con las condiciones y necesidades de cada árbol, con criterios técnicos orientados a su manejo y conservación”, indican.
De este modo, se han intervenido árboles de samán afectados por la cochinilla y se los ha reemplazado por nuevos árboles. Por ejemplo, indican que en la avenida Domingo Comín, al sur de la ciudad, 142 palmeras fueron reemplazadas por árboles nativos.
Además, aseguran que durante la actual administración no se han sembrado palmeras y más bien se las ha reemplazado progresivamente por árboles endémicos.
En resumen, los árboles son aliados en la prevención de inundaciones, pero su capacidad para mitigar sus efectos depende de factores como la cobertura vegetal, las características del suelo y la intensidad de las lluvias.
En Guayaquil, donde las precipitaciones pueden coincidir con mareas altas, el arbolado urbano debe formar parte de una estrategia integral que incluya sistemas de drenaje eficientes, mantenimiento de sumideros y una planificación urbana adecuada.
Sí. Los árboles pueden contribuir a reducir el riesgo de inundaciones al interceptar parte de la lluvia, favorecer la infiltración del agua en el suelo y disminuir la escorrentía superficial. Sin embargo, no evitan por sí solos las inundaciones.
En Guayaquil, las lluvias intensas pueden coincidir con mareas altas. Por eso, el arbolado urbano debe complementarse con sistemas de drenaje eficientes, mantenimiento de sumideros y una planificación urbana adecuada.
Las copas interceptan parte de la lluvia y retrasan su llegada al suelo, mientras que las raíces contribuyen a mantener la estructura del terreno y favorecen la infiltración del agua.
Estos procesos ayudan a disminuir la escorrentía, es decir, el agua que circula por la superficie en lugar de penetrar en el suelo. Su efectividad depende de la especie, las características del terreno, la cobertura vegetal y la intensidad de las precipitaciones.
La fórmula 3/30/300 es un modelo de planificación urbana que propone que cada persona pueda ver al menos tres árboles desde su vivienda, viva en un barrio con una cobertura vegetal del 30 % y tenga un espacio verde a no más de 300 metros.
El ingeniero agrícola español Mariano Sánchez García promovió esta propuesta durante una capacitación en el Jardín Botánico de Quito, en diciembre de 2025. El modelo busca mejorar el acceso a la vegetación y los espacios verdes, además de contribuir al bienestar ambiental de las ciudades.
Según Parques EP, durante la actual administración se han sembrado más de 45.000 árboles, en su mayoría especies nativas o adaptadas a las condiciones climáticas de la ciudad.
Entre las especies mencionadas están el roble, samán, samancillo, guayacán amarillo, ceibo y caoba. Las plantaciones se han realizado en distintos sectores, como la avenida Narcisa de Jesús, La Garzota, Parque Samanes, Vía a la Costa y el Bosque Protector Prosperina. En abril de 2026, Guayaquil recibió por primera vez el reconocimiento internacional Tree Cities of the World.
El arquitecto Rafael Baquerizo propone crear un corredor esponja en Sauces 6, al norte de Guayaquil, con edificios de mayor altura, cubiertas verdes, patios permeables y una cuneta verde de seis metros. El objetivo es que cada lote tenga capacidad para retener 50 milímetros de lluvia.
La propuesta busca favorecer la infiltración del agua y reducir el volumen que llega directamente al sistema de drenaje urbano. También contempla la plantación de samanes, que proporcionan sombra, ayudan a moderar la temperatura del entorno e interceptan parte de la lluvia mediante sus hojas y ramas.


