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El transporte público de Guayaquil, entre la crisis y la transición eléctrica

Una caída en el número de usuarios y el aumento del diésel ahondan la crisis de los buses urbanos en Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

La baja de usuarios de los buses urbanos con las modalidades de teletrabajo y telestudio que impuso la pandemia y el alza paulatina del precio de los combustibles -tras el desmontaje del subsidio- tienen en jaque a la transportación pública de Guayaquil

El panorama incluye el inicio de coactivas a decenas de transportistas por la falta de pago de los créditos de los vehículos a las financieras. Vicente Calderón es uno entre 35 transportistas que han recibido notificación de juicios de coactiva y quienes protagonizaron esta semana un plantón en la avenida Barcelona, en el oeste de Guayaquil

Ellos piden que se detengan los embargos, nuevos plazos y reestructuración de deudas. “Me dan 15 días para presentarme a la cooperativa y llegar a una conciliación, pero me exigen USD 20 000, cuando apenas teníamos para subsistir con el vehículo”, indicó Calderón.

En medio de la crisis toma aún más relevancia la transición a buses eléctricos.  La compañía de transporte urbano Santiago de Guayaquil, línea 82, prevé iniciar este viernes 15 de octubre una fase de prueba piloto con un bus eléctrico, con miras a convertirse en la segunda empresa de transporte público de la ciudad en dar este salto tecnológico.

El nivel de reactivación de los buses urbanos de Guayaquil es de entre el 50 al 55 por ciento con respecto a los usuarios que tenían en los tiempos previos de la pandemia, según la Federación de Transportistas Urbanos de la Provincia del Guayas (Fetug). 

La Federación agremia a 2 700 buses de 60 cooperativas en la ciudad. Cada unidad está trasladando un máximo de 400 pasajeros al día, cuando antes de la pandemia trasladaba un promedio diario de 700 a 750 usuarios.

“Hemos absorbido el impacto de 18 meses de pandemia y de 14 meses de alza gradual de combustibles”, indicó Christian Sarmiento, presidente de Fetug. “Todo esto mientras se ha mantenido el mismo precio del pasaje, no estamos pagando las deudas y esto nos ha llevado al borde del colapso”.

El Gobierno Nacional plantea congelar el precio del diésel para el transporte público cuando alcance el valor de USD 2,10 el galón, pero los transportistas piden que la focalización se sitúe a máximo USD 1,65 el valor del galón. 

El precio del galón subsidiado en mayo del 2020 era de USD 1 y con el incremento paulatino se sitúa ahora en cerca de USD 1,70.

Sin perjuicio de los acuerdos con el Gobierno Nacional los transportistas de Guayaquil deberán luchar además por un incremento en la tarifa del pasaje, una competencia del Municipio. La transportación busca que la tarifa actual, de USD 0,30, suba a USD 0,40.

En marzo pasado la Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM) del Municipio de Guayaquil inició un estudio para determinar si se justificaba un aumento del pasaje, condicionado a mejoras del servicio, pero aún no existen resultados y en la Fetug califican el proceso como una “tomadura de pelo”.

Sarmiento cree que la transición a buses eléctricos es una opción válida a mediano plazo, pero con una tarifa diferenciada más allá de los USD 0,35 por pasaje que están habilitados para cobrar los buses eléctricos de la empresa Saucinc (línea 89), la única empresa con este tipo de unidades en la ciudad. Ellos cambiaron de modelo a inicios del 2019.

“Se están ofreciendo incluso sin entrada. Pero un bus eléctrico no cuesta USD 120 000 como uno a combustión, sino USD 270 000, y justifica una tarifa diferenciada de 50 centavos teniendo en cuenta que son unidades más cómodas, tienen wifi, no emiten gases tóxicos ni ruido”, dijo Sarmiento.

La compañía Santiago de Guayaquil dispondrá desde este viernes 15 de octubre de un bus eléctrico de la marca Golden Dragon entregado en comodato por la comercializadora Autoline para pruebas en los recorridos habituales de la línea de buses 82. En la fase piloto se prevén establecer costos operativos y la viabilidad.

Las unidades eléctricas cuentan con cámaras en todas las entradas del bus, servicio wifi y puertos USB para la carga de batería de celulares.

Marcelo López, gerente de Autoline, indicó que el objetivo es introducir 200 unidades hasta el 2025 y están en charlas con otras operadoras para que al momento de reponer las unidades lo hagan con buses eléctricos “debido a la diferencia sustancial de costos, ahorro y sustentabilidad”. El ahorro en mantenimiento es de un 40% en unidades eléctricas, dijo.

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