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Salud mental de los estudiantes, una prioridad con el retorno a clases

En noviembre del año pasado, los alumnos del Colegio Gran Colombia, en Quito, retornaban a clases presenciales luego de un largo período de clases virtuales. Foto: Archivo / El Comercio

Martín empezó su vida escolar en la etapa más grave de la pandemia. No conocía su escuela, ni había visto en persona a sus compañeros de clase ni a su maestra. En febrero, el niño de 6 años fue a su aula por primera vez y le daba miedo socializar con sus compañeros, cuenta su mamá, Alicia Cáceres.

A otros niños les pasaba igual. “La profesora dice que para los que tienen hermanos fue más fácil adaptarse. Pero mi hijo y otros niños que no compartieron con pares en todo este tiempo no sabían cómo hacer amigos”, dice.

En el régimen Sierra-Amazonía, sus 1,8 millones de estudiantes están en clases 100% presenciales desde febrero. Y con el inicio del año escolar en el régimen Costa-Galápagos 4,3 millones de alumnos del país ya asisten a las aulas.

Eso ha permitido a los profesionales de Psicología de las instituciones educativas identificar el impacto de la modalidad virtual en el estado emocional de los alumnos. Los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE) evalúan y trabajan con los estudiantes y padres de familia.

Eduardo Calero, psicólogo del EMDI School, por ejemplo, ha visto dos problemas principales. Por un lado, sostiene que el desarrollo en el ámbito social de los estudiantes ha limitado la relación entre pares. También, dice que se ha perdido la práctica de hábitos saludables, debido a la imposibilidad de realizar actividad física.

Además, señala que hay una alta incidencia de estrés postraumático en los niños, debido al fallecimiento de familiares o personas significativamente importantes.

La psicóloga del ISM Internacional, Gabriela Zaruma, agrega que también se generó dependencia a la tecnología. Además, por el encierro prolongado, se han presentado casos de ansiedad.

Las consecuencias de la pandemia en la salud mental no se ven solo con los más pequeños. Al retornar a las aulas, a Abigaíl, de 16 años, también le costó retomar la relación que tenía con sus compañeros. “Pasamos tanto tiempo aislados en nuestros cuartos, que parece que ya no sabemos de qué conversar o cómo compartir cuando estamos en grupo”.

Evaluaciones y acciones

Para contrarrestar esta situación, el trabajo de las instituciones educativas debe enmarcarse en la promoción y prevención de la salud, señala Zaruma. También en la concienciación de las problemáticas actuales y en generar espacios de escucha, apoyo y acompañamiento a los chicos.

Es importante, dice, ayudar en la recuperación psicológica de los niños, niñas y adolescentes, a través del fomento de espacios seguros, de autocuidado y protección.

Precisamente, mayo es el mes de la concienciación de la salud mental. La psicóloga Montserrat Gortaire enfatiza que es imposible que un estudiante aprenda, que rinda o que tenga creatividad si no tiene salud mental.

“Este principio siempre ha sido válido, pero más con la pandemia. La principal secuela es emocional y psicológica, por el encierro, muertes y enfermedad”, dice.

Frente a eso, colegios como el Letort ya trabajan con los estudiantes, de manera individual y grupal, con estrategias para gestionar las emociones. La psicóloga Ximena Capelo señala que generan espacios para que los padres acompañen este proceso de manera asertiva, mediante conversatorios.

También han realizado campañas masivas de buen trato y prevención de situaciones de riesgo. Y organizan conversatorios para padres y madres sobre las diferentes etapas del desarrollo, uso de adecuado de tecnología y control parental, entre otros.

El retorno a las aulas es una oportunidad para atender las afectaciones emocionales, dice Capelo. “Fueron situaciones que, por el encierro y el miedo al contagio, no se gestionaron o no se trabajaron de la mejor manera”.

Tome en cuenta

Las instituciones educativas deben dar prioridad a la salud mental de los estudiantes, ya que de su bienestar emocional depende el avance en los temas del currículo, en condiciones óptimas.

Los padres de familia no deben desconectarse de la institución; tienen que mantener contacto con docentes y autoridades para conocer el estado de sus hijos; el apoyo desde el hogar es fundamental.

La recuperación de la autonomía de los niños y adolescentes es importante con el regreso a clases presenciales; los padres deben permitir esa independencia para el adecuado desarrollo de sus hijos.

Los DECE de las instituciones educativas deben realizar evaluaciones grupales e individuales para identificar el estado de los chicos; con eso deberán dar acompañamiento a los casos dentro del plantel.

Si se identifican casos que requieran un tratamiento específico, las instituciones deben remitir a profesionales particulares; así, además de re­cuperar la salud mental se pueden prevenir suicidios.