
Colombia, México, Nueva Zelanda, Suecia, Francia, Alemania y Estados Unidos son algunos de los países que aplican programas para reducir los siniestros de tránsito producidos por la ingesta de alcohol. Omar González, representante regional de la Alianza Global para la Seguridad Vial; y Juan Manuel Ríos, director Ejecutivo de Aplicación de Programas Preventivos Institucionales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Ciudad de México, cuentan esas experiencias y sus resultados.
Estos programas pueden servir de referencia para Quito, que no ha podido controlar este tipo de siniestros. Entre enero y julio de 2026, Quito tuvo 258 siniestros de tránsito, cuya causa fue el consumo de alcohol; y 735 conductores detenidos por esa misma causa, como publicó este medio el 21 de julio.
González identifica cuatro factores de riesgo con mayor peso en las muertes y lesiones por siniestros de tránsito a escala global: exceso de velocidad, alcohol al volante, falta de uso del cinturón de seguridad y uso inapropiado del casco.
Según explica, el alcohol funciona como depresor del sistema nervioso central: incluso en cantidades moderadas, reduce la capacidad de una persona para conducir con seguridad. Cuando el nivel de alcohol en sangre aumenta, el conductor incrementa el tiempo de reacción, pierde la capacidad de identificar peligros en la vía y asume comportamientos de riesgo, entre ellos el exceso de velocidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda marcos legales con límites de entre 0,2 y 0,5 gramos de etanol por litro de sangre, tanto para conductores novatos como para conductores profesionales. González precisa que algunos países registran límites de hasta 1,5 gramos por litro, un nivel de intoxicación que se aproxima al coma etílico. Según él, ese margen no representa un límite seguro: cada persona metaboliza el alcohol de forma distinta, según su género, su masa corporal y su nivel de exposición previa al consumo.
El representante de la Alianza Global para la Seguridad Vial es parte de la Iniciativa de Bloomberg Philanthropies para la Seguridad Vial Mundial, que apoya al Municipio de Quito para reducir los siniestros de tránsito en una nueva etapa que comenzó en abril de 2026.
Juan Manuel Ríos comenta que Ciudad de México aplica el programa Conduce sin Alcohol, una estrategia permanente de control de alcoholemia, el primero de este tipo en el país. El plan reporta una reducción estimada de 30% en los siniestros de tránsito relacionados con el consumo de licor.
Con base a las recomendaciones de la OMS, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Ciudad de México implementó el programa el 19 de septiembre de 2003. Según Ríos, el objetivo no consiste en detener al mayor número de conductores, sino en prevenir. El programa se enfoca en el exceso de velocidad, consumo de alcohol y la distracción por el uso de dispositivos móviles.
Tampoco contempla multas: la única sanción administrativa es el arresto. No tiene fines recaudatorios, lo que refuerza su objetivo de generar conciencia sobre los riesgos, explica el Director de Prevención.
El programa tiene el soporte legal de la Ley de Movilidad y el Reglamento de Tránsito de Ciudad de México. Las normas prohíben conducir embriagado y fijan un límite máximo permitido. Ese respaldo legal sostiene la instalación de puntos de revisión y la aplicación de sanciones, explica Ríos.
Los puntos de revisión se ubican en vías o avenidas primarias con alto tránsito vehicular, en sitios donde la Secretaría de Seguridad Ciudadana registra antecedentes de siniestros. Ríos indica que la instalación de un punto de control en una vía con capacidad de alta velocidad reduce tanto el exceso de velocidad como la conducción bajo los efectos del alcohol.
El Reglamento de Tránsito de Ciudad de México establece un límite de 0,41 miligramos de alcohol por litro en sangre para conductores de vehículos particulares, automóviles y motocicletas.
Para conductores de transporte de carga, transporte de personal y transporte público de pasajeros, el reglamento fija tolerancia cero: ningún nivel de alcohol en sangre resulta permitido.
El conductor que supera el límite recibe una sanción administrativa, no penal, aplicada por un juez cívico. La sanción consiste en un arresto de entre 20 y 36 horas; además. el vehículo queda retenido hasta el cumplimiento total del arresto, incluso si el dueño del vehículo no es la persona detenida.
El programa también contempla la suspensión de la licencia de conducir por un año, en el caso de la primera detención, además de una sanción en los puntos de la licencia. Según Ríos, ningún tribunal falló en contra de la autoridad en los últimos seis años, tiempo que él está en la Secretaría Ciudadana.
El programa Conduce sin Alcohol opera los 365 días del año, las 24 horas, con turnos de personal distribuidos entre el día y la noche. La instalación de puntos de revisión se intensifica los días miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo, periodo en el que la Secretaría de Seguridad Ciudadana registra la mayor incidencia de siniestros de tránsito.
Durante el Mundial de fútbol, entre el 11 de junio y el 19 de julio de 2026, la Secretaría de Seguridad Ciudadana aplicó un operativo de 39 días con vigilancia ininterrumpida. El promedio de puntos de revisión por noche llegó a 25 en toda la ciudad. El gobierno capitalino también prohibió la venta de alcohol dentro y en más de un kilómetro alrededor de los festivales y el estadio.
Ríos explica que los puntos de control funcionan de forma itinerante: si un punto pierde afluencia vehicular, el personal lo traslada a una zona con mayor tránsito, como las vías de salida de un estadio. Esa movilidad, según indica, impide que los conductores identifiquen la ubicación de los controles.
Los lunes, con menor incidencia de siniestros, se instala un promedio de 10 puntos. Los fines de semana, la Secretaría añade puntos en las salidas de la ciudad, dirigidos a los conductores que se desplazan hacia otros destinos por vacaciones.
El programa tiene la supervisión de observatorios y consejos ciudadanos, además de encuestas realizadas por oenegés. Según Ríos, estos mecanismos buscan evitar abusos y actos de corrupción por parte de la Policía y garantizan la aplicación de la norma sin distinción del conductor detenido.
También recibe apoyo de la iniciativa Bloomberg, a través de la Asociación Mundial para la Seguridad Vial. La organización capacita al personal de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y aporta equipo técnico para la instalación de los puntos de revisión.
Omar González, de la Alianza Mundial para la Seguridad Vial (GRSP, por sus siglas en inglés), destaca el caso de Nueva Zelanda, que introdujo la estrategia de controles masivos y aleatorios de embriaguez a los conductores de carros. Este programa comenzó en 1993, mediante una ley que respaldó a la Policía para realizar las pruebas de alcoholemia obligatorias a absolutamente todos los conductores que pasaran por un retén móvil o punto de control.
Según González, en un periodo de 10 años, la tasa de siniestralidad relacionada con el alcohol bajó de forma sostenida. Él atribuye ese resultado a un diagnóstico basado en datos, que identifica los sitios, los horarios y las causas de los siniestros antes de definir la estrategia de control.
Este ejemplo de Nueva Zelanda “lo usamos con mucha frecuencia para demostrar que cuando los esfuerzos de control se mantienen en el tiempo y logran alcanzar el mayor número de conductores se reduce sustancialmente el número de siniestros asociados a ese factor de riesgo”, dice González.
Este método permite realizar controles con un solo agente, sin necesidad de desplegar personal, vallas o vehículos adicionales.
Países como Suecia y Estados Unidos utilizan alcoholímetros (alco-lock) instalados en el motor del vehículo. Si el conductor al realizarse la prueba supera el límite permitido, el auto no arranca. En Francia y Alemania hay cero tolerancia para los choferes novatos. Para el resto, el límite de alcohol permitido es hasta 0.02 gramos de alcohol por litro de sangre.
En Colombia, se modificó la legislación en 2013 con un límite legal de 0,2 gramos de licor. Según González, la aplicación constante de esa norma explica parte de los resultados alcanzados.
González diferencia entre dos tipos de disuasión que sostienen estos programas para disminuir los siniestros por causa del alcohol. La disuasión general envía un mensaje a todos los conductores: quien conduce después de beber alcohol tiene una alta probabilidad de detección y sanción.
Este sistema -explica-depende de tres eslabones: un marco legal adecuado, su aplicación por parte del agente de tránsito y la resolución judicial. Si alguno falla, el proceso de disuasión pierde efectividad.
La disuasión específica se enfoca en los conductores que ya recibieron una sanción y buscan evitar la reincidencia.
Por ello, González plantea que el diseño de una estrategia de control debe partir de un diagnóstico previo: identificar los aciertos y las fallas de los esfuerzos anteriores, la capacidad de agentes disponibles y el perfil de los conductores que circulan en la ciudad, incluidos quienes residen en cantones cercanos y solo ingresan los fines de semana.
Cruzar el número de conductores registrados con el número de pruebas de alcoholemia realizadas permite calcular qué porcentaje de la población conductora recibe un control efectivo.
Estos son los siniestros de tránsito en Quito
Colombia, México, Nueva Zelanda, Suecia, Francia, Alemania y Estados Unidos aplican programas para reducir los siniestros de tránsito producidos por la ingesta de alcohol. Estos programas pueden servir de referencia para Quito, que registró 258 siniestros de tránsito por consumo de alcohol y 735 conductores detenidos por esa misma causa entre enero y julio de 2026.
Es una estrategia permanente de control de alcoholemia, implementada en 2003, que reporta una reducción estimada de 30% en los siniestros de tránsito relacionados con el consumo de licor. El programa opera los 365 días del año, las 24 horas, con puntos de revisión en vías primarias de alto tránsito vehicular. Su objetivo no consiste en detener al mayor número de conductores, sino en prevenir. No contempla multas: la única sanción administrativa es el arresto de entre 20 y 36 horas, sin fines recaudatorios, explica Juan Manuel Ríos, director Ejecutivo de Aplicación de Programas Preventivos Institucionales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Ciudad de México.
El límite es de 0,41 miligramos de alcohol por litro en sangre para conductores de vehículos particulares, automóviles y motocicletas. Para transporte de carga, transporte de personal y transporte público de pasajeros, el límite es de tolerancia cero. El conductor que supera el límite recibe una sanción administrativa aplicada por un juez cívico, y su vehículo queda retenido hasta el cumplimiento total del arresto.
Nueva Zelanda introdujo en 1993 una estrategia de controles masivos y aleatorios de embriaguez, respaldada por una ley que permite a la Policía aplicar pruebas de alcoholemia obligatorias a todos los conductores que pasan por un retén móvil o punto de control. Según Omar González, en un periodo de 10 años, la tasa de siniestralidad relacionada con el alcohol bajó de forma sostenida.
Suecia y Estados Unidos utilizan alcoholímetros conocidos como alco-lock, instalados en el motor del vehículo, que impiden el arranque si el conductor supera el límite de alcohol permitido en la prueba. En Suecia, el límite de bloqueo del dispositivo está fijado en 0,02 grados. Este mecanismo forma parte de las estrategias de disuasión específica que aplican distintos países, junto con otras medidas como la tolerancia cero para choferes novatos que rige en Francia y Alemania, donde el límite de alcohol permitido para el resto de conductores llega hasta 0,02 gramos por litro de sangre.