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Estudiantes salen del aula para aprender en la chacra

La profesora Ximena Guaninango habla con sus alumnos sobre las tradiciones andinas en la escuela Mushuk Yachay. Foto: Julio Estrella / El Comercio

La profesora Ximena Guaninango habla con sus alumnos sobre las tradiciones andinas en la escuela Mushuk Yachay. Foto: Julio Estrella / El Comercio

La profesora Ximena Guaninango habla con sus alumnos sobre las tradiciones andinas en la escuela Mushuk Yachay. Foto: Julio Estrella / El Comercio

Los niños de 7 años cantan el Sol, solecito, a las 08:00 de un día lluvioso, para que salga el Taita Inti. Lo hacen en kichwa. Cuando la rectora ingresa al aula corean con emoción “alli puncha imanalla”. Significa “Buenos días, ¿cómo está?”.

Sobre el piso, en el centro del salón, hay una planta, una vela, incienso y agua. Los elementos purifican el espacio y los niños conviven con ellos.

Estos pequeños pertenecen a la Unidad Educativa Comunitaria Intercultural Bilingüe Mushuk Yachay, una de las instituciones que son parte del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe (SEIB).

En Quito hay 10 instituciones fiscales en este sistema educativo. 5 409 estudiantes y 227 docentes hacen parte del SEIB en la capital, no se sabe cuántos hablan lenguas nativas.

La herencia cultural va de la mano con el conocimiento y desarrollo de la ciencia y la tecnología, asegura la rectora de Mushuk Yachay. “Los dos ámbitos pueden ir a la par”, incluso en la ciudad.

En el aula donde los niños llaman al sol con sus cantos en kichwa, la docente indígena Ximena Guaninango habla del cuidado de la Pachamama.

Su metodología es la estimulación de los sentidos. Les pide a los chicos que cierren los ojos. Mientras, ella activa el sonido del agua en una computadora y les dice “Imagínense en medio de la Pachamama”.

¡Hay un bosque! ¡Están sembrando! ¡Hay un río!, gritan los niños, sin abrir los ojos. En la pizarra se proyecta un paisaje con todo lo que imaginaron.

A la institución del noroccidente de Quito asisten 512 estudiantes. Entre ellos hay 87 del pueblo afro y 67 indígenas.

En esta institución como en otras sucede que hay más chicos indígenas, según las autoridades. Pero no se autodefinen como tal por diferentes circunstancias. Por eso una de las tareas de los centros de estudios es fortalecer la identidad.

La lengua hace parte de ella. Y, justamente, este 2019 es el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Para el investigador kichwa de la Universidad Andina Simón Bolívar, Ariruma Kowii, lo fundamental en el SEIB debe ser la recuperación del orgullo lingüístico, con la labor de los docentes pero también de los padres.

Juan Caluña, de 6 años, se esfuerza por mostrar sus habilidades para el kichwa: cuenta hasta el 20, aunque llega más lejos. También sabe que “misi”, significa gato y asegura que le gusta este idioma.

Los docentes son 19, incluida la rectora, Alicia Gómez, que imparte Física. De ellos, tres son mestizos, uno es afro y el resto pertenece a diferentes pueblos, en especial al Puruhá.

En sus clases, Gómez habla, por ejemplo, de la energía nuclear, eléctrica o electromagnética. Pero también de las energías de los pueblos originarios como el mal aire, mal viento y energía del cerro.

En el SEIB no existen las materias sino las clases integradas. Tampoco los grados escolares sino las unidades de estudio, comprendidas en seis etapas que van desde la Educación Infantil Comunitaria hasta el Bachillerato.

Para el Sistema se elaboró el Modelo del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe (Moseib), que contiene las bases curriculares para el docente. Además, pueden hacer uso de otra guía en los idiomas de 14 nacionalidades.

Uno de los insumos en Mushuk Yachay es el calendario vivencial educativo, que refleja prácticas al interior de la institución. Allí se toman en cuenta las culturas que hay el plantel: Puruhá, Guaranga, Otavalo, Kitucara y Kichwa amazónica.

Autoridades de las instituciones ven al SEIB como algo positivo. Sin embargo, también hablan de las necesidades en las escuelas. Una de ellas es la infraestructura.

José Cuichán es rector de la Unidad Educativa Comunitaria Tinku Yachay, del sur de Quito. Considera que las aulas y espacios de estudio no van en consonancia con el sentido de la educación comunitaria.

Sin embargo, los docentes se acoplan. Luis Guayllas da la clase fuera del aula en este centro para que los alumnos se contacten con la tierra. En la chacra aprenden matemáticas, las figuras geométricas y el poder curativo de las plantas medicinales que ellos mismos siembran y cosechan.

Los textos y la alimentación propia para este sistema también se incluyen en las necesidades. Lo corrobora el secretario de Educación Intercultural Bilingüe, Jaime Gayas.

Asegura que estos elementos son fundamentales para respetar el ritmo de aprendizaje de cada estudiante, como consta en las bases del SEIB.

La Secretaría pidió que, al menos, se mantenga el presupuesto de USD 194 millones para este 2019. Gayas comenta que Finanzas negó un aumento que solicitó debido a que USD 114 se destinan solo a sueldos de los docentes.

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