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La chatarra electrónica dará forma a los sueños de estudiantes en Guayaquil

El padre Simón dirige la Fundación Kairós, que contribuye a la protección integral de niños, adolescentes y sus familias, especialmente de grupos vulnerables. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO

La metáfora de la flor de loto encaja a la perfección con esta historia. Sus pétalos se despliegan sublimemente después de romper la superficie del agua, pero nace del lodo.

Jogendra Kumar Mahish -más conocido como el padre Simón- emplea esa popular alegoría de India, su país natal, para hablar de sus 21 años de trabajo en la Isla Trinitaria. En este popular sector del sur de Guayaquil se estableció como misionero Somasco.

“Cuando llegué solo había lodo y puentes de caña”, recuerda. Ahora en una de las cuadras de la cooperativa 4 de Marzo sobresale el edificio de la Fundación Kairós, donde funcionan un colegio, talleres de capacitación, consultorios médicos y dentro de poco una de las tres escuelas de tecnologías de la información y comunicación (TIC) que esperan abrir.

Esa es la meta de Programando su futuro. La iniciativa transformará toda la basura electrónica que logren reunir en un programa de capacitación para 10 000 niños y jóvenes. Serán entrenados como programadores para alejarlos de las calles, las drogas y la violencia.

La campaña está en marcha y ha empezado a receptar partes de computadoras, pantallas, impresoras, televisores fuera de uso y otros artículos electrónicos que resultan inservibles para personas o empresas.

En la fundación les darán una segunda oportunidad. Todo lo que logren reparar irá a casas de humildes familias. El resto será vendido como chatarra para obtener fondos y así adquirir 500 computadoras para implementar tres laboratorios en la Trinitaria, Monte Sinaí y Durán, donde Kairós -que significa tiempo de gracia y esperanza- tiene obras de apoyo social.

Una niña inspiró todo

Hace 20 años, el padre Simón recibió la llamada de un hospital de Guayaquil. Una recién nacida había quedado huérfana; sus padres fallecieron con sida y ella era portadora de VIH. “Me dijeron que viviría solo seis meses. Pasó ese tiempo y seguía con vida, así que buscamos un plan”.

Cuando llegó el tiempo de ir a la escuela, lograron matricularla bajo la reserva de su diagnóstico. No querían que fuera discriminada en una época poco tolerante. Meses después, el caso se hizo público y se activó una protesta en el plantel.

Entonces, la opción para la niña -a quien el sacerdote llama hija- fue recibir clases en casa. Luego de un tiempo inspiró la apertura de un plantel educativo. “Esa bebé fue una bendición -dice el padre Simón-; Kairós nació con ella y es una realidad como Dios, que no se ve, pero se vive y se palpa”.

Hoy la fundación tiene 11 instituciones educativas, un centro médico de atención gratuita, programas de apoyo a emprendedores, talleres de formación artesanal, una escuela de líderes, casa de acogida para chicos en situación de vulnerabilidad, una escuela de artes marciales que en 2019 fue visitada por Marlon Chito Vera, y un comedor comunitario que alimenta a 500 niños cada día en Durán.

María, la pequeña que inspiró todo, sigue con vida. En la fundación hay más programas en planes.   

Ciudad de niños

Comparte desde una oración hasta un ‘selfie’ con sus estudiantes. Y cuando visita las aulas no pierde la oportunidad de dar una pequeña clase de inglés o matemáticas.  

“Jesús vino a servir. Cuando caminaba en la calle y veía a un cojo le decía: ¿qué pasó ñaño?, ¡levántate, camina! -dice con su peculiar acento-. Eso debemos hacer hoy, sanar la debilidad, la incapacidad o la pequeñez de las comunidades”. 

En ese pensamiento se inspira otro proyecto de Kairós: Ciudad de niños. La maqueta para este programa de atención integral está lista, al igual que el terreno. Será una comunidad autosustentable con escuelas, colegios, centros de formación técnica, huertos, dispensarios médicos, canchas deportivas y casas de acogida.

Reunir los fondos es un desafío, pero nada desmotiva a su creador. A través de la campaña Padre Simón, el amigo del millón espera agrupar a miles de donantes que aporten desde USD 10 al mes para ver florecer este nuevo sueño.


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