Marco Naranjo Chiriboga es nombrado Vicepresidente del Biess
Ecuador recibirá unos USD 1 000 millones de derechos…
El feriado por el 10 de Agosto de 1809 se traslada a…
Un ataúd se cayó del carro fúnebre y el cadáver qued…
Wuhan realizará pruebas de coronavirus a todos sus h…
Un estudio menciona a Ecuador entre los países que r…
Vehículo volcado bloquea dos carriles del puente de …
El FUT se movilizará el 11 de agosto para pedir resp…

Segundo año de graduaciones en época de pandemia

Natalia de la Cruz, abanderada del Letort, con su madre, Jannyana Chávez. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Durante los últimos 10, 11, 14 y 16 años, cuatro chicos de tercero de bachillerato imaginaron cómo sería su graduación. Nathalia, Sarahí, Erik y Mikaella no consideraron que cuando llegara el día no podrían abrazar a sus amigos y profesores; o que estarían lejos de la escuela los últimos dos años.

En julio, ellos, como los demás chicos de tercer año de Sierra y Amazonía se convertirán en bachilleres y dejarán sus colegios. En total, 121 576 cursan el último año.

Cuando llegó a su colegio, Nathalia de la Cruz tenía 7. Desde entonces, recuerda que su generación era conocida en el Letort como la más unida.

El cierre de las instituciones educativas por la pandemia los distanció. Nathalia cuenta que extraña más de una tradición, sobre todo con su grupo más cercano, de 12 amigos. “Siempre festejábamos los cumpleaños, llevábamos pasteles al colegio y salíamos juntos”.

Mientras se acercaban al último año esperaban con ilusión ser protagonistas de ‘el timbrazo’. Es el último que escucharían. Los chicos de tercero de bachillerato salían al patio cuando sonaba. Había globos y serpentinas, pancartas con mensajes de despedida; lloraban y se abrazaban.

“Los extraño mucho”, les dice Nathalia a sus amigos y docentes. “Espero que cuando podamos, tengamos una reunión para despedirnos”.

Al igual que ella, Erik Córdova sabe que la vida después del colegio no será igual. Al estar separados durante los dos últimos años llegaron a un acuerdo: seguir en contacto y reunirse de vez en cuando, “aunque el tiempo pase y la vida nos ponga en caminos diferentes”.

Erik Cordova llegó hace 14 años al Isaac Newton; recuerda que lo acompañó su mamá. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Erik aún recuerda su llegada al Isaac Newton, 14 años atrás. Ese primer día ingresó de la mano de su madre. Cuando entró a su salón, no sabía cómo actuar. “Tenía miedo, me sentía raro y me preguntaba qué voy a hacer aquí sin mi mamá”.

Ahora, a sus 17 años, el chico rememora con satisfacción el décimo año. En ese año disfrutó mucho más de salidas con sus amigos y de varios talleres extracurriculares, como la banda del colegio, con la que tocaba la guitarra.

Para Sarahí Vera, el ISM ha sido su espacio de crecimiento personal y académico, en donde conoció amistades más valiosas. “Hagamos de cuenta que mi vida es un árbol. El colegio para mí es parte de las raíces, la guía para mi futuro”.

Los alumnos que han vivido su infancia, niñez y adolescencia en el mismo plantel han forjado su identidad ahí dentro, con un grupo de amigos y personas que han frecuentado toda la vida, explica la psicóloga Marie-France Merlín.

Por eso, señala, para ellos su vida escolar significa mucho y requieren un buen ritual de cierre, que en este caso corresponde a la graduación. “Esto les permite cerrar una etapa y hacer una transición adecuada para que no se queden aferrados a esta época”.

El COE nacional autorizó la realización de ceremonias presenciales de graduación a las instituciones educativas que así lo soliciten. No podrán ser en grupos de más de 20 personas y solo se admite a dos acompañantes por alumno.

La separación obligada le genera nostalgia a Sarahí, quien llegó a su plantel a los 6. “Siento que hay muchas cosas que siempre nos faltará vivir”.

Asimismo, Mikaella imaginaba que en su evento de graduación estarían presentes sus hermanos, tíos y abuelos. El ISM, en donde ella está desde los 2 años, realizará ceremonias individuales, con el estudiante y sus padres.

“Es triste tener que despedirse de esta forma del colegio, en donde he permanecido durante 16 años”, dice. Sin embargo, cree que los abrazos que queden pendientes se los dará más adelante a sus amigos más cercanos.

Pero la adolescente no se quiere ir sin dejar un mensaje a sus maestros. “Valoro mucho su trabajo porque tienen la capacidad de enseñar a niños que no son iguales, que tienen diferentes capacidades y formas de aprender”.

También de sus compañeros se lleva la capacidad de trabajar en equipo, dice. “Espero que cada uno logre sus metas”.

#ATENCIÓN | Colegios de la Sierra y Amazonía preparan ceremonias de graduación. Ministerio de Educación estableció protocolos » https://bit.ly/3v8PJnN

Posted by El Comercio on Wednesday, June 9, 2021