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Otavaleños de la Plaza San Francisco retornan al Centro Histórico de Cuenca

Un comerciante exhibe uno de sus tejidos en la Plaza San Francisco, en Cuenca. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO.

Un comerciante exhibe uno de sus tejidos en la Plaza San Francisco, en Cuenca. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO.

Un comerciante exhibe uno de sus tejidos en la Plaza San Francisco, en Cuenca. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO.

Después de un año y medio, los 24 comerciantes de la Plaza de San Francisco retornaron a su espacio original, en el Centro Histórico de Cuenca. Allí los otavaleños son el referente del comercio artesanal.

Los otavaleños llegaron a San Francisco hace 50 años para vender sus textiles y se quedaron. Los Yacelga, de la Torre, Albarrán y Santillán fueron las primeras familias que –en principio- ocuparon los portales de las casonas.

Antes, desde 1850, en la plaza funcionaba una feria de intercambio de productos provenientes de Perú, como algodón y jabones. Las actividades comerciales dinamizaron esta zona que -con el tiempo- se convirtió en un espacio inseguro y sombrío, que rompía con la estética patrimonial.

Del primer mercado de Cuenca se encontraron vestigios durante las obras civiles que empezaron en agosto del 2017. Otros espacios históricos como una pileta del siglo pasado y ventanas arqueológicas –en el centro de la plaza- fueron recuperados. Se recrearon 28 siluetas de los soldados fusilados en la Batalla de Verdeloma.

Todo va acorde con el patrimonio cultural, dijo Xavier Aguirre, director de Áreas Históricas y Patrimoniales del Municipio de Cuenca. La Plaza cuenta con 24 casetas constituidas por cuatro puestos cada una, de los cuales 20 corresponden a los textiles de los otavaleños y el resto de comerciantes y artesanos en general.

La mayoría de los indígenas heredó el puesto de sus padres. Joaquín de la Torre Albarrán tiene ahora 46 años y tenía dos meses cuando sus progenitores, Antonio y Mercedes llegaron a Cuenca. Cinco de los siete hermanos nacieron en esta ciudad y crecieron en la plaza adoquinada, que luego se llenó de casetas antiestéticas.

Él cree que era necesario la renovación del espacio para exaltar la belleza de esta urbe Patrimonio Cultural de la Humanidad. Al igual que él, sus compañeros empezaron a cruzar la mercadería y arreglar sus puestos el pasado viernes, luego de haber permanecido en diferentes espacios.

Los turistas ahora caminan en medio de los coloridos tapices con diseños andinos, ponchos, guantes, alpargatas, chalinas, fajas, colchas, entre otras prendas, la mayoría elaboradas a mano por artesanos.

En la actualidad, los otavaleños están agrupados en una asociación de 28 familias socias, que totalizan más de 100 personas. Son hospitalarios y amables con los clientes que les visitan. Generalmente llevan el cabello largo sujeto con una trenza, hablan kichwa y usan la vestimenta típica.

Hasta antes de la remodelación de San Francisco, todos los días -al amanecer y atardecer- los hombres cargaban los inmensos bultos de ropa –desde y hacia las bodegas cercanas que rentaban. Pero esto quedó en el pasado porque ahora podrán almacenar y guardar sus textiles en las casetas.