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La soberbia desperdicia energía

En su casa en Cuenca, y rodeado de plantas, Fernando Vega mantiene una activa agenda de estudios y trabajos. Dicta varias conferencias en la capital azuaya. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

En su casa en Cuenca, y rodeado de plantas, Fernando Vega mantiene una activa agenda de estudios y trabajos. Dicta varias conferencias en la capital azuaya. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

En su casa en Cuenca, y rodeado de plantas, Fernando Vega mantiene una activa agenda de estudios y trabajos. Dicta varias conferencias en la capital azuaya. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO.

Cuando Fernando Vega habla, parece que uno estuviera escuchando a aquellos personajes de la radio que hicieron único a este medio. Su voz, con sus contrastes y énfasis, lleva a quien lo oye a través de un mundo en el cual las leyendas y las historias se entremezclan con el fin de aportar con reflexiones necesarias para sobrellevar la carga del día.

La conversación esta vez se refiere a la soberbia, el pecado preferido de quienes llegan a sentirse inmunes e impunes, sobre todo cuando ejercen el poder. Con su formación teológica y humanística, habla de la humildad y la autoestima como armas para no enviciar el alma con una cualidad negativa que compara con la estupidez.

¿Cuál es el significado de la soberbia?

La soberbia se define como la valoración de uno mismo por encima de los demás. Es una sobrevaloración de tipo narcisista en la que el ego adquiere una autoestima por encima de la natural igualdad y horizontalidad de los seres humanos. Es una autoestima patológica.

¿Patológica?

Porque la autoestima es necesaria para el ser humano; quien no la tiene es fácilmente manipulado. Y el soberbio saca provecho de esto y se hace del poder sin mirar al otro. A la postre, esto tiene que ver también con una cuestión hormonal.

¿En qué sentido lo hormonal y lo psicológico llegan a entrecruzarse?

En el proceso de domesticación de un perro se enseña que, cuando el animal camina, debe llevar la cola levantada. Esto significa que está en una situación de autoestima perruna, de seguridad. Cuando está metida entre las patas, en cambio, es que está dominado por otra carga hormonal que lo pone a huir de su agresor.

¿Pero se puede tener una buena autoestima sin terminar siendo soberbios?

Un sano orgullo es la autoestima que es consciente de los propios valores que encarna la persona y que está dispuesta a compartir. La soberbia, en cambio, es una autoestima de tipo patológico que hace que la persona se sienta superior a los demás. Esta va aparejada a otras manifestaciones como la irritabilidad, la rabia, el autoritarismo. En este contexto, la altanería, la altivez y la arrogancia son sinónimos de soberbia.

¿Todos somos soberbios?

La soberbia no es una cualidad del carácter humano. Normalmente esta va con esos otros aditamentos. Una persona que no tenga dominio de sí misma tendrá que recurrir a ayuda psicológica o espiritual para luchar contra esta patología del carácter.

¿Y quién es el soberbio en el contexto religioso?

En las religiones, la soberbia implica una actitud más grave. En la tradición judeo-cristiana, la soberbia es una cualidad que hace que la persona se endiose, que no reconozca su carácter de criatura contingente y limitada, y que pretende ponerse en lugar de Dios; se diviniza y exige desde lo demás un comportamiento casi de adoración. En el tema normativo, sus normas, leyes y decisiones se convierten en casi divinas, y asume que lo único que queda ante esa actitud es obediencia y sumisión. Es por eso que en la leyenda de la caída de Satanás al infierno, la conversión del ángel de la luz en demonio es un acto de soberbia, de ponerse en lugar de Dios, es la negación de servir a los seres humanos. El soberbio no acepta cualquier tipo de rebajamiento que atente a su autoestima patológica y su estatus.

En las tradiciones sapienciales, y que están en todas las escuelas de espiritualidad, la soberbia es un signo de estupidez. El sabio se ríe del soberbio ya que es una persona que se sobredimensiona y actúa de manera perniciosa para los demás y para sí mismo.

¿Y la soberbia es natural a la naturaleza animal?

No cabe duda que, en el mundo de los mamíferos, el tema de la soberbia no es un defecto propio. El animal lucha por ser el macho alfa en función de transmitir los genes más beneficios para la conservación de la especie. Y la manada le hace saber a este animal que su dominio está en función de la comunidad, no para aprovecharse de esta particularidad.

En el mundo sapiencial, la soberbia es vista y criticada como una muestra de estupidez. Es un comportamiento capaz de hacer daño a los demás y hacer daño a la persona misma. Al final, quien hace daño a los demás y a sí mismo es estúpido. Y ya lo dijo Albert Einstein: el número de los estúpidos es infinito. La estupidez es una enfermedad que está en nosotros de forma casi congénita. Y es por ello que dicen que cuando varios estúpidos se juntan, es una calamidad enorme para la sociedad.

Cuando alguien se queda por mucho tiempo en el poder, ¿puede desarrollar necesariamente esta soberbia?

Todos somos susceptibles de caer en la soberbia. Obviamente, cuando se acumula poder, se tiende a avasallar. Cuando una persona ha sido formada y educada éticamente, va a estar atenta a la soberbia. Dicen que el santo rey Luis XIV de Francia todas las noches se acostaba en un ataúd para darse cuenta de su finitud. Y cuando los emperadores romanos entraban coronados a la gran ciudad, había alguien que los acompañaba y les decía “acuérdate de que eres mortal”. La vacuna contra la soberbia requiere de un permanente ejercicio de reconocer que somos mortales. Si nos comparamos con el universo, somos minúsculos. Quien se descuide, puede acabar siendo soberbio. La soberbia se contrapone con la humildad, la mansedumbre. Salomón decía que donde hay soberbia, hay ignorancia.

¿La soberbia cambia nuestra visión del mundo?

El soberbio, como el estúpido, termina ignorando la realidad. La realidad es cambiante, y el soberbio está anclado en su mal sabido conocimiento y su superioridad.

¿Cuál es el efecto sobre el pueblo al ser gobernado por personas soberbias?

La gente suele tener varias actitudes frente a la soberbia. Las personas que tienen poca autoestima tienden a someterse a la soberbia. Quienes tienen una actitud de dignidad, suelen oponerse, reivindican sus derechos y denuncian los abusos del soberbio. Y quienes son soberbios frente a un soberbio tienen dos opciones: unirse o generar una pelea de machos alfa.

¿Qué hacer frente al gobernante soberbio?

Cuando la tiranía se vuelve insoportable, no solo hay derecho de levantarse en armas, como lo decía Santo Tomás, sino que hay la obligación de levantarse. Porque permitir que domine la tiranía soberbia es causar un grave mal a la sociedad.

¿Y los ecuatorianos somos soberbios?

Llevamos ‘improyectada’ una cultura de sometimiento desde la Colonia, como que si necesitáramos que alguien nos imponga y nos domine. En ausencia del macho alfa, todos queremos ser el macho alfa.

Los sabios y las personas heroicas y de principios se resisten a la soberbia. Y esta es precisamente la misma actitud de Dios. Hay un salmo que dice: ‘Dios conoce al soberbio y lo mira desde lejos’. Él ni siquiera se mete en problemas con el soberbio porque deja que su propia estupidez lo hunda.

Los soberbios y los prepotentes dominan el mundo por poco tiempo.

La soberbia también nos desgasta…

La soberbia es entrópica y desperdicia mucha energía en sí misma, lo que hace que sus proyectos no sean sustentables. Por ejemplo, el proyecto de la revolución ciudadana ha sido entrópico y ha dilapidado la energía económica, psíquica, espiritual, lo que ha representado una vorágine que no va más allá del agotamiento de su propuesta misma.

¿Y son necesarios los pequeños actos de soberbia?


No solo es necesaria sino indispensable una buena autoestima. Esta defiende los valores y la entidad de la propia persona para que no pierda su autoafirmación. También, es necesario en la vida el sano orgullo, el del humano que pone un alto precio a sus valores y actuaciones. Si alguien no valora su propio trabajo y lo regala, nadie lo va a valorar.

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