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'Don’t Worry Darling', el lado oscuro de la vida perfecta

Chris Pine (der.) y Olivia Wilde en una escena de la película ‘Don’t Worry Darling’. Foto: imdb.com

Florence Pugh, Harry Styles, Chris Pine y Olivia Wilde protagonizan ‘Don’t Worry Darling’ (‘No te preocupes querida’), una historia de drama y suspenso que llega a la cartelera nacional desde el 22 de septiembre.

La película se estrena en medio de la expectativa por el trabajo de Olivia Wilde en la dirección de su segundo largometraje de ficción. Tras cámaras, las controversias alrededor de la directora y sus protagonistas han agitado las redes sociales.

A primera vista, ‘Don’t Worry Darling’ parece solo una película de gente atractiva, haciendo cosas atractivas en un lugar atractivo. Pero nada puede ser tan bueno (y aburrido) para ser verdad y esta historia no es la excepción a esa regla. Detrás de ese perfecto ‘mundo feliz’ hay algo siniestro que aguarda por el espectador.

La vida perfecta de Alice y Jack

Florence Pugh y Harry Styles son los encargados de darle vida a Alice y Jack, una pareja de recién casados. Ellos disfrutan de las comodidades y privilegios de vivir en una idealizada comunidad llamada Victoria, asentada en el soleado sur de los Estados Unidos.

Esta comunidad experimental es liderada por Frank (Chris Pine) un visionario corporativo y ‘coach’ motivacional que controla cada aspecto de la vida cotidiana y laboral de esta microsociedad de rasgos orwellianos.

En esta comunidad, los roles de género están definidos estrictamente de una forma que haría indisponer a cualquiera que espera una relación más equitativa en la ficción contemporánea.

Los hombres pasan todo el día en los cuarteles generales del proyecto Victoria trabajando en el ‘desarrollo de materiales progresivos’. Las mujeres pasan el tiempo dedicadas a los quehaceres domésticos y disfrutando de los lujos y comodidades que ofrece el suburbio.

En los ratos libres hay tiempo para cocteles, fiestas, asados, compras con los amigos y buenos vecinos que comparten los mismos privilegios que la pareja protagonista.

Es como si los personajes fueran habitantes de ese mundo utópico, pero virtual que pretende construir Mark Zuckerberg en el nuevo Metaverso.

Foto: Twitter @watertowermusic

El lado oscuro de la vida perfecta

Sin embargo, la vida perfecta de los protagonistas tiene un costo que se paga con discreción y la aceptación incuestionable de las reglas establecidas por el líder de la compañía y la comunidad.

Algunas de esas reglas incluyen, la inviolabilidad del perímetro que circunscribe el conjunto habitacional para las mujeres y un código de confidencialidad laboral que deben cumplir los hombres.

En esta burbuja de privilegios, la cotidianidad se repite como un eterno bucle evocando el mecanismo narrativo del ‘Show de Truman’.

Como en ‘Matrix’, esa perfecta realidad comienza a agrietarse con una sola falla del sistema. En este caso es una de las habitantes de Victoria llamada Margaret (Kiki Layne), quien rompe el encanto e intenta advertir a sus compañeras sobre los peligros del modelo corporativo.

Poco a poco este universo no puede contener su artificialidad y parece encaminado a implosionar sobre su propia perfección y frivolidad.

Alice no puede evitar cuestionarse sobre el lado más oscuro que se oculta detrás de ese perfecto estilo de vida. Para ella solo habrá dos opciones: la obediencia o la rebelión.

Foto: Twitter @watertowermusic

Un universo hecho a la medida

La sociedad utópica del filme celebra la hipnótica belleza del estilo de vida estadounidense de los años 50. Esa época en la que la vida parecía estar definida por la idea del gozo y la diversión, al menos en el cine y la televisión.

Esa idea se traslada a la película en la forma de un conjunto residencial que se levanta como un oasis en medio del desierto, como el Westview de ‘WandaVision’. Espacios convenientemente encapsulados para permanecer libres o más bien aislados del tráfico, la contaminación, la inseguridad o la violencia.

Casas perfectamente alineadas que disponen de todas las comodidades a las que cualquier pareja o familia modelo de la época podría aspirar. Es como si la fantasía suburbana de Tim Burton en ‘Eduardo manos de tijeras’ volviera a repetirse.

El ritmo que maneja la directora, sobre todo en la primera parte, es cuestionablemente lento, pero a nivel de contenido Don’t Worry Darling es un proyecto ambicioso.

Entre las líneas del thriller psicológico también intenta funcionar como una parábola del empoderamiento femenino, alegoría del viejo Hollywood y crítica del espejismo del idealizado ‘sueño americano’.

No siempre consigue romper la tensión superficial para explorar los temas propuestos a fondo y, al igual que en Victoria, la idea se queda en la actuación y las formas.