17 de mayo de 2020 00:00

Ecuador: entre la pandemia sanitaria y la debacle económica

La industria cuencana se preparó con normas estrictas, como esta fábrica de cilindros de fibroacero. fOTO: Xavier Caivinagua  / EL COMERCIO

La industria cuencana se preparó con normas estrictas, como esta fábrica de cilindros de fibroacero. fOTO: Xavier Caivinagua / EL COMERCIO

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Marco P. Naranjo
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El PIB del 2019 alcanzó los USD 107 436 millones corrientes; si dividimos este valor para los 365 días del año se tiene que, en promedio, la producción diaria del Ecuador ascendió a 294 millones.

Si extrapolamos las cifras del 2019 para el 2020, y aceptamos el diagnóstico del Ministro de Industrias y Producción, quien ha señalado que la actividad económica se encuentra paralizada en un 70%, significa que el país está dejando de producir un equivalente a USD 206 millones diarios.

La cuarentena empezó en el Ecuador el 16 de marzo y, en un primer momento se planteó que concluiría, al menos de manera parcial, el 3 de mayo, esto es, 49 días después. Si multiplicamos esos días por lo que el país ha dejado de producir, significa que se han perdido 10 094 millones, esto es el 9,4% del PIB del 2019. En otras palabras, si el 4 de mayo se habría levantado la cuarentena y la producción se realizara a igual ritmo del año anterior, al final habríamos tenido una caída del 9,4% del PIB nominal. (Los números en términos reales serían bastante parecidos).

Pero si se mantuviera la cuarentena en condiciones similares hasta el 31 de mayo, las pérdidas en la producción alcanzarían a los USD 15 863 millones, un equivalente al 14,76% del PIB del 2019.

Por otra parte, la Población Económicamente Activa del Ecuador es de un poco más de 8 millones de trabajadores. De este total, solo 3146297 tienen empleo adecuado. Casi 5 millones están en el subempleo y el desempleo y viven ellos y sus familias del día a día, por lo que son los más afectados por la paralización.

Una prolongación de la cuarentena pondría en grave riesgo la vida de la mayoría de ecuatorianos, quienes se morirían antes del hambre que del coronavirus.

Pero si observamos la problemática a nivel microeconómico, la cuarentena podría afectar gravemente al tejido productivo con consecuencias irreversibles, pues provocaría la quiebra de los emprendimientos por cuenta propia, de las microempresas y de las pequeñas y medianas empresas, con catastróficas consecuencias sobre el empleo, los aportes a la seguridad social, las recaudaciones tributarias y el sistema financiero nacional.

Con un ejemplo evidenciemos lo señalado. Supongamos una empresa productora de calzado, ubicada en Tungurahua o Azuay, que emplea a 100 trabajadores. Obviamente, como la gran mayoría de unidades de producción del país no pudo ni podrá acogerse al teletrabajo, por lo tanto durante abril no laboró.

Como no hubo producción de zapatos ni venta alguna, esta empresa no recibió ingresos, por lo tanto no pudo pagar los sueldos a sus trabajadores, pero tampoco entregó a la Seguridad Social (IESS) los aportes personales y patronales; al no generar esos ingresos tampoco pagó impuestos al Fisco, pero adicionalmente no realizó pagos a sus proveedores de materias primas e insumos, no pudo cubrir los servicios de luz, agua, telefonía, Internet y, si tenía deudas con el sistema financiero, igualmente no pudo pagar las cuotas por intereses y capital que le correspondían.

Adicionalmente, las empresas proveedoras de materias primas, insumos y servicios básicos, al no recibir los pagos de la empresa de calzado, tampoco pudieron pagar a sus proveedores, a sus trabajadores, los servicios básicos y demás.

Pero un trabajador que no recibe un sueldo o salario no tiene posibilidades de pagar los servicios básicos, y si además tiene deudas con su tarjeta de crédito o paga cuotas por un préstamo hipotecario o debe cubrir arriendo por el sitio en donde vive, tampoco puede cubrirlo y pronto no podrá adquirir los alimentos ni educar a sus hijos. Ni de lejos tendrá posibilidades de entregar contribuciones impositivas al Estado.

Lo que ocurre con la fábrica de calzado es posible generalizarlo para todas las empresas de por lo menos el 70% de los sectores económicos del Ecuador, lo cual implica un riesgo sistémico grave. Sin ingresos por la cuarentena, las empresas corren el inminente riesgo de la quiebra y los trabajadores, de caer inmediatamente en el desempleo. Con empresas quebradas y trabajadores desempleados desaparecen las recaudaciones tributarias y el Estado no tiene recursos económicos para enfrentar la pandemia, y menos la educación o la infraestructura.

No obstante, miremos los datos de la pandemia. Para el 3 de mayo el número de contagiados por coronavirus alcanzaba las 29 538 personas, con cerca de 2 876 fallecidas. En términos absolutos, los números parecen escalofriantemente altos, pero en términos relativos resultan ser dramáticamente bajos, pues representan apenas el 0,17% de los contagiados y el 0,016% de los fallecidos de la población total del Ecuador, de 17 millones y medio de habitantes.

El número de contagiados por coronavirus en el Ecuador es menor al 0,2% y el número de fallecidos por la pandemia es inferior al 0,02%. Pero supongamos que el subregistro de casos es de un 100%; , de todas maneras, estamos hablando del 0,4% de la población contagiada y del 0,04% de fallecidos.

Surge entonces una pregunta crucial: ¿es dable paralizar la economía y poner en riesgo los ingresos, el empleo y la vida misma del 70% de los ecuatorianos, esto es de cerca de 10 millones de personas, por aceptar sin beneficio de inventario el confinamiento y la paralización de la mayor parte de la producción?

La pregunta es absolutamente válida porque para el año en curso, la caída del PIB será de no menos del 15%, la más alta de toda la historia del Ecuador, solo dos de cada 10 trabajadores de la Población Económicamente Activa tendrán empleo formal, los otros ocho estarán en el desempleo y el subempleo. La pobreza agobiará a más del 50% de la población, las compañías de servicios básicos tendrán pérdidas comprometedoras y el Estado acumulará una deuda pública superior al 100% del PIB.

Con ese panorama, la recuperación a niveles del mal año 2019, donde el PIB apenas creció al 0,1%, demandará al menos una década.

*Doctor en Economía, escritor, profesor principal de la EPN y de la PUCE.

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