14 de August de 2011 00:02

Nacho Vegas es literatura cantada

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José Hidalgo Pallares ganó el Joaquín Gallegos Lara 2005 con el libro de relatos ‘Historias cercanas’; ha publicado la novela ‘Sábados de fútbol’ ( Paradiso).

Algún mal día las letras de las canciones empezaron a perder importancia y de a poco nos fuimos acostumbrando a escuchar cualquier zoquetada que estuviera acompañada de una melodía pegajosa. Por fortuna, aún quedan músicos que se toman el trabajo de componer letras que van más allá de la rima fácil y la frase trillada.

Uno de ellos es Nacho Vegas, cantautor nacido en Gijón, España, en 1974, y del que por falta de publicidad o buena estrella, pero no de méritos artísticos, pocos han oído hablar. De hecho, varios de quienes ahora seguimos su carrera supimos de él gracias a “El tiempo de las cerezas”, disco doble que grabó junto con Enrique Bunbury y en el que el nombre del ex vocalista de Héroes del Silencio era el mayor “gancho”. Sin embargo, la decena de canciones que Vegas incluyó en ese disco bastaron para probar su gran talento para contar historias en forma de canción.

Esas historias, vale aclarar, no están pensadas para fiestas ni serenatas. Tampoco para cantinas llenas de desengañados. Son historias de locos, de perdedores o de seres irremediablemente mediocres, como el personaje de “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, la canción más famosa de Vegas, de acuerdo con el número de reproducciones de su video en YouTube.

El cuidado que Nacho Vegas pone en sus letras (y que no implica descuidar la música, aunque en sus canciones no se escucharán grandes solos ni arreglos presuntuosos) no proviene únicamente de su período como estudiante de filología –que refleja su amor por el lenguaje–, sino también de la influencia que en él han tenido músicos como Bob Dylan, Leonard Cohen y Tom Waits. Y al igual que esos grandes artistas, Vegas no posee una voz descollante. La suya suena más bien a hastío y pesimismo, a resaca.

En todo caso, la próxima vez que las “genialidades” de Arjona, o los aullidos de Shakira, o el “ayyy, qué bonitos ojooos, ayyy, qué bonita bocaaa” de Maná les hagan ver al diablo, recuerden que también hay músicos que tratan a las letras con el respeto que merecen. Y que merecemos nosotros, los oyentes.

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