27 de August de 2011 00:01

Cortázar: activista, literato e idealista

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Hace tan solo tres días Borges fue el rey de las redes sociales con motivo de su 112 natalicio -muestra de ellos fue el ‘doodle’ (dibujo) que Google puso en su página principal para todas sus versiones-. Ayer, tras 97 años de su nacimiento, su compatriota de letras Julio Cortázar, en cambio, no fue la atracción para medios de prensa internacional.

Si bien nació en Bruselas un 24 de agosto de 1914, Argentina fue el destino donde se forjaría su temple literario.

Y es que fue en la Universidad de Buenos Aires, centro que tuvo que abandonar por cuestiones económicas, el epicentro de su formación tanto literaria como política, que años más tarde lo habrían de forjar como luchador frente a las juntas militares argentinas e insigne escritor de más de una treintena de novelas, relatos, cuentos, poemarios...

Profesor de lengua y literatura francesa en varios institutos de la provincia de Buenos Aires, y más tarde en la Universidad de Cuyo, Cortázar consiguió en 1951 una beca de estudios en París. Allí como traductor de la Unesco -trabajo que desempeñó hasta su jubilación- inició su vida de trotamundo literario.

Sus ideales, que lo hicieron autoproclamarse como “comunista y antiimperialista”, lo llevaron a los escenarios de la revolución cubana y de la Nicaragua sandinista. Siempre, cabe la acotación, con el fin de luchar por los derechos humanos.

Es así que en 1949 publicó, bajo el seudónimo de Julio Denis, ‘Los reyes’, un poema en prosa centrado en la leyenda del Minotauro. Con esta publicación, el autor argentino llegó a formar parte de los escritores del ‘boom’ de la literatura latinoamericana.

Pero, ¿qué es lo novedoso de Cortázar? Pues bien, sus cuentos, como ‘Bestiario’ (1951) o ‘Las armas secretas’ (1959), están cargados de un lenguaje que recuerda siempre la oralidad de la palabra; cuentos que necesitan ser leídos en voz alta y así disolver, al menos momentáneamente, el momento que ocupa la realidad, aquella de la que se nutren sus historias.

Cortázar transitó el absurdo como quizá pocos lo han hecho, con elegancia, con maestría...

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