7 de agosto de 2018 00:00

El contrapunteo revive una antigua tradición en Esmeraldas

En Esmeraldas se retoma la exposición y enseñanza de versos afroecuatorianos. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO.

En Esmeraldas se retoma la exposición y enseñanza de versos afroecuatorianos. Foto: Marcel Bonilla/ EL COMERCIO.

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Marcel Bonilla
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

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Los grupos culturales de Esmeraldas trabajan en el fortalecimiento del contrapunteo, una tradición oral compuesta por versos de humor y picardía.

En el contrapunteo afroesmeraldeño hay expresiones propias de la cultura como ¡Barajo no! (enojo), ¡Jesús me ampare! ¡Deja tu pres, pres! (no seas orgulloso), términos típicos de la etnia. También están los mitos que han pasado de boca en boca de los abuelos.

En una presentación, Mónica Esterilla se tomó la punta de su falda ancha y caminó moviendo sus caderas. Detrás de ella, la seguía Miguel Mieles, un marimbero de pantalones remangados y sombrero ancho. “Cuando veo a esta negrita, me le voy de medio la’o, como el gavilán al pollo, como la garza al pesca’o”, dijo él. Y ella le respondió: “A la guayaba madura, se le quita la pepita, el hombre cuando es celoso no busca mujer bonita”.

De esa manera, los hombres y mujeres de Esmeraldas rescatan su oralidad ancestral con décimas y contrapunteos, que antes se hacían al aire libre.

El Municipio de Esmeraldas y la Casa de la Cultura organizaron un concurso de contrapunteo. Uno de los ganadores fue Limberg Nazareno.

“Es una medición de fuerzas. Los mayores cuando lo hacían usaban décimas enteras, versos y todo lo que forma parte de la tradición oral esmeraldeña”.

El antropólogo Adison Güisamano, quien ha escrito sobre expresiones orales del pueblo afro, explica que el contrapunteo es una parte de la tradición oral que se ha ido quedando con el paso del tiempo.

A través de los concursos se pretende dar vida a esta práctica, que era común en las poblaciones afroesmeraldeñas. Esta se convertía en una manera de protestar, expresar sentimientos o exaltar la belleza femenina a través de sus composiciones.

El plan para recuperar esta práctica incluye la enseñanza del contrapunteo a los más jóvenes, desde los grupos culturales, como Raíces del Pacífico. Jorge y Aisa González son dos niños que demuestran lo más alto del contrapunteo con la décima del escritor Nelson Estupiñán, quien escribió ‘Timarán y Cuabú’.

“Una zamba que vivía con el negro Teodomiro dio a luz en el pueblo, un día, un moro blanco y catiro. Cuabú: ya bastante me he explayado, pero sigues en lo oscuro, tú te aferras al pasado, yo, al presente y al futuro”, decía Timarán.
Cristina Hurtado, escritora de poesía afro, asegura que esta es una forma de recordar a sus ancestros, quienes tenían la facilidad de crear versos y exponerlos en encuentros, que permitían revivir la tradición.

Uno de los sitios donde las familias cultivan el contrapunteo es la parroquia de Borbón, en Eloy Alfaro, norte de la provincia de Esmeraldas.

Nixon Vernaza, profesor de danza afro de Borbón, explica que a través de la Casa de la Juventud se trabaja en la conservación de los cánticos con la enseñanza a niños desde los 5 años de edad.

La formación implica la enseñanza de danza y narración de cuentos, como El Comecayapas, El charco, entre otros.

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