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La alfarería es una tradición que perdura en Cuenca

El artesano Santos Cárdenas elabora macetas en el barrio cuencano Convención del 45 o zona de los alfareros. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

El artesano Santos Cárdenas elabora macetas en el barrio cuencano Convención del 45 o zona de los alfareros. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

El artesano Santos Cárdenas elabora macetas en el barrio cuencano Convención del 45 o zona de los alfareros. Foto: Xavier Caivinagua/ EL COMERCIO

José Encalada tiene 81 años y desde que tenía 14 se dedica a la alfarería, en el barrio Convención del 45 de Cuenca, que antes se conocía como Las Ollerías. Sus hijos Iván y Yolanda ayudan en su taller, al igual que Santos Cárdenas, tal vez el último de sus alumnos.

Además de comprar sus macetas, apliques de pared, vasijas, teteras, platos y adornos elaborados en arcilla, los visitantes quieren conocer las técnicas ancestrales del oficio. José Encalada obtiene el barro de las parroquias rurales de Santa Ana, Sinincay y Jadán.

Una vez que tiene la materia prima, el primer paso es retirar las impurezas y moler. Ese polvo se mezcla con agua y se amasa para luego dejar reposar durante un par de días. Para ello, se cubre con un plástico.

Al cabo de ese tiempo, se amasa la arcilla antes de darle forma. Con los pies se mueve el torno y con las manos se moldea. Encalada se ayuda con agua para que no se peguen las manos en la arcilla.

Él aconseja que la materia prima sea preparada dependiendo de la pieza. “Si es un objeto grande, la masa debe ser más dura, que si fuera un adorno pequeño”. Encalada es el alfarero con mayor trayectoria en Cuenca y ha recibido reconocimientos por su labor.

A su taller han llegado ceramistas y artesanos de Holanda, India, China, México, España, Japón y otros países para intercambiar experiencias. Aprendió de maestros como Luis Arias y Miguel Pacheco y quiere que la tradición persista.

Él da forma a una vasija en máximo 10 minutos. Luego que se seca la pieza, vuelve al torno para los terminados. Otra vez va al secado y el tiempo depende del clima. El siguiente paso el llevar las creaciones al horno durante una noche. Si es necesario se usa pintura al frío.

“Antes se hacía el vidriado y se colocaba el plomo y el cuarzo e iba otra vez al horno, pero eso se eliminó hace 25 años porque contaminaba”.

Entre los objetos que elabora están los apliques de pared con motivos indigenistas y las figuras de palomas, cerdos, caballos… “Se elaboran por partes en el torno. Primero se hace el cuerpo, la cabeza y luego las patas, poco a poco se va armando...”, explica el artesano.

Cuando aprendió el oficio se vendían principalmente platos, vasijas, ollas y cántaros, pero con la llegada del plástico, Encalada buscó otras alternativas como adornos. Los objetos más pequeños cuestan USD 1,50 y los más grandes hasta 60. Además, incursionó en la elaboración de vajillas de cerámica negra.