Guido Calderón

Turismo a los recortes




Ecuador sangra por todos lados. Miles de personas que escogen el camino de la ilegalidad para hacerse de lo ajeno con violencia inhumana. Pero no solo los delincuentes desangran al país,  los pasillos gubernamentales están atestados de funcionarios que no trabajan, hay infinidad de asalariados que no hacen nada, pero se pavonean en redes sociales e invitan a rendiciones de cuentas de fantasía. Muchos de estos burócratas manejan contratos millonarios, presupuestos infinitos, para usarlos en más funcionarios que multiplican la ineficiancia. El sector público ecuatoriano, la función judicial y los políticos, son el gran cáncer que carcome nuestra sociedad.

Pero el verdadero cómplice que alimenta esta enfermedad, es el sistema universitario. Algunos asambleístas con títulos, horrorizan. Deberían clausurar las universidades que les vendieron o regalaron sus títulos.

Acortar el presupuesto a las universidades, no es suficiente, debemos entregar el presupuesto directamente a cada ciudadano ecuatoriano que tenga 18 años de edad; y que sea él quien entregue su cupo a la universidad que le garantice una vida laboral exitosa. Reducir el presupuesto a las universidades, no es negarles educación a jóvenes, es obligar a estas entidades a ser eficientes, porque el primer mal ejemplo de derroche de recursos públicos, son las vidas plácidas y despreocupadas de profesores y empleados universitarios, que no les importa el futuro del país.

Y quienes exigen una educación superior gratuita. ¿Gratuita para quién? Porque a cada ecuatoriano nos cuesta una fortuna mantener estos centros educativos que, cada año producen miles de desempleados que no tienen idea de la realidad del país. Nos cuesta una fortuna mantener programas, facultades y maestros de muchachos completamente inútiles, que cuestan otra una fortuna a sus padres que los educan con la esperanza que los saquen de la pobreza económica, pero en vez de ello, traen de las universidades la pobreza ideológica, la amargura social, el odio al éxito; contaminan sus hogares con la envidia y el resentimiento social, que se traduce en apoyo a los partidos políticos populistas.

Nada es gratuito en este mundo y seguir engordando centros de adoctrinamiento disfrazados de universidades, es el peor error que cometemos desde hace décadas, lo que se refleja en el deterioro permanente de la vida de todos los ecuatorianos.

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