Andrés Vallejo

Socialismo no es comunismo

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Viernes 17 de agosto 2018

Se confunde, malintencionadamente, socialismo con comunismo. En casos por desconocimiento de las distintas vertientes de socialismo y en otros con deliberada intención de desprestigiar una ideología válida y vigente.

El marxismo es el socialismo científico. Surge como protesta contra la desigualdad social y la explotación económica que sufrían las capas sometidas de la sociedad. Es la ideología del proletariado que se contrapone a la burguesía, en la que el Estado acapara los medios de producción. El marxismo pasó de la ciencia a la utopía y de la utopía al dogma. Perdió contacto con la realidad y eso condujo a la implosión del sistema, como ilustra la enciclopediadelapolítica.org de Rodrigo Borja. Ese fue el comunismo, que eliminó las libertades y sometió a la sociedad al control del Estado.

Pero existen otras vertientes de socialismo. El socialismo marxista no es el único. En Europa, partidos socialdemócratas han gobernado con grandes logros sociales y políticos, respetando la libertad. En democracia, reconociendo el valor del individuo. Alemania, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Holanda, Austria, son un ejemplo de aplicación de prácticas socialistas de seguridad social que con participación plena de los ciudadanos en la vida del país, brindan bienestar y seguridad a las mayorías. Miterrand, socialista, fortaleció institucionalmente a Francia. Felipe González y el Partido Socialista Obrero Español, rescataron a España de la exclusión y la pobreza.

En América Latina, el socialismo democrático, cuyo pilar es justicia social con libertad, se ha practicado por partidos y gobernantes ejemplo de respeto a las libertades y a los derechos humanos. Ricardo Lagos y Michelle Bachelet del Partido Socialista en Chile. Tabaré Vásquez, Mujica y el Frente Amplio en Uruguay. Rodrigo Borja y la Izquierda Democrática en Ecuador. Con convicción social y solidaridad, demócratas a carta cabal, gobernaron con pulcritud y austeridad.

También se intenta desprestigiar al socialismo por el desastre del autocalificado socialismo del siglo XXI, que lo que ha sido es populismo pleno de autócratas y lleno de dinero, buscando eternizarse en el poder. Eso no es socialismo.

El socialismo democrático no comulga con los extremos: ni desconoce la existencia del mercado y la iniciativa privada, ni asigna al mercado la capacidad de resolver, por si mismo, la vida económica y social.

El mercado, operado por agentes económicos cuyo afán es el lucro, necesita normas que impidan el abuso de monopolios y oligopolios y de la fuerza del poderoso sobre el débil y, por lo mismo, necesita regulación y control, sin vulnerar las libertades.

Socialismo no es comunismo. La desorientación que se pretende con la mala utilización y confusión de los términos tiene claras intenciones ideológicas y no es intelectualmente honesta. La justicia social, la solidaridad y la libertad, son valores sustanciales e inseparables del socialismo democrático.