Gonzalo Maldonado

El ruido de las cosas…

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Domingo 14 de agosto 2011
14 de August de 2011 00:01

Lo mejor de ‘El ruido de las cosas al caer’–el último libro de Juan Gabriel Vásquez, premiado con el Alfaguara de Novela 2011– es su impredecibilidad. La historia que allí se narra está llena de giros y situaciones inesperados que mantienen en vilo al lector, siempre preguntándose qué sucederá en la página que viene.

Los hechos no se presentan en forma lineal, sino en zigzags que nos llevan del pasado al presente y del presente a un pasado incluso más remoto –como cuando se cuenta la historia del capitán Laverde, abuelo de uno de los protagonistas de la novela.

Los saltos en el tiempo y los giros inesperados de ‘El ruido…’ crean una arquitectura narrativa compleja pero bien pensada, donde ningún detalle es gratuito o está demás. Por ejemplo, la novela empieza y termina con alusiones a los hipopótamos que el narcotraficante Pablo Escobar solía tener en su hacienda Nápoles. Aquella referencia –delirante pero rigurosamente cierta– le sirve al autor como telón de fondo para montar una historia marcada también por los excesos y la tragedia.

Por la riqueza con la que fue escrita, ‘El ruido…’ puede ser leída de distintas formas: como la lucha de una persona por entender el síndrome de estrés postraumático que le aqueja tras haber sido abaleado; como una reflexión sobre el rol de algunos miembros del Cuerpo de Paz norteamericano en el cultivo de marihuana en Colombia; o como una historia sobre la violencia que sufre aquel país.

Tuve la oportunidad de conocer a Juan Gabriel Vásquez durante un almuerzo aquí en Quito, hace pocas semanas. Es un escritor colombiano radicado en Barcelona, autor de varios libros de ficción y ensayo. En este último rubro destaca, al parecer, un libro sobre Joseph Conrad, de quien Vásquez se confiesa heredero literario.

Como era de esperarse, quienes almorzamos con él ese día conversamos sobre literatura y el oficio de escribir. No pude dejar de admirar que Juan Gabriel se dedicara a tiempo completo a la literatura –con excepción de tres horas de clase que imparte cada semana, según contó.

¿Cuántos escritores a tiempo completo hay en Ecuador? Me parece que son apenas dos… No es de extrañar, por tanto, que nuestros autores –con excepción de aquellas dos personas– sean ignorados a nivel internacional. El día en que un ecuatoriano gane un premio literario de importancia –como el Alfaguara, el Planeta o el Rómulo Gallegos– marcará el inicio de una nueva época. Habremos sido capaces de romper nuestra sensibilidad provinciana y de conectar con millones de lectores en todo el mundo, algo que necesitamos con urgencia.

Hasta que eso suceda, vale la pena leer ‘El ruido…’, una novela estupenda que ha hecho volver por sus fueros al prestigioso premio Alfaguara.