Sebastián Mantilla

Protestas y desigualdad

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Miércoles 18 de diciembre 2019

En Chile, al igual que en varios países de América Latina, se han producido recientemente inusitadas y violentas protestas. Si un principio el factor que motivó a miles de personas a salir a las calles fue el alza en el pasaje del Metro de Santiago, con el paso de los días ese malestar ha ido convergiendo en torno al modelo político y económico que se instauró desde 1990, fecha en la que producen elecciones libres y es elegido democráticamente como presidente Patricio Aylwin.

Y aunque ahora ciertos actores sociales y políticos afirmen que no se han cumplido con las expectativas (cargando buena parte de la culpa al gobierno de Sebastián Piñera), curiosamente la democracia chilena ha sido catalogada por varios estudios comparados sobre “calidad de la democracia” como la de mejor desempeño de la región.

En el campo económico, Chile ha sido catalogado como un modelo en América Latina. Sus índices macroeconómicos, comparados con otros países de la región, fueron considerados por mucho tiempo como “envidiables”: crecimiento, inflación, empleo, ingreso per cápita…

Sin embargo, los chilenos que han salido a las calles desde el pasado 18 de octubre han puesto en cuestión todo mencionado. Se quejan del actual modelo imperante ya que no ha podido resolver los problemas de pobreza, inequidad en la distribución del ingreso, desigualdad, limitaciones serias para el acceso a la educación, entre otros.

A fines de noviembre la Cepal acaba de publicar un informe titulado “Panorama Social de América Latina 2019”. En éste se constata precisamente un incremento a nivel regional de los índices de pobreza y pobreza extrema, recomendando la necesidad de que los estados hagan mayores esfuerzos por revertir los indicadores de desigualdad, otorgando a los ciudadanos acceso a sistemas integrales y universales.

No obstante, al analizar las estadísticas que presenta este documento, un hecho ha llamado mi atención. El incremento más alto de la pobreza y de la pobreza extrema no se da en el último año sino en el 2014. Del 2014 al 2015 la pobreza en América Latina creció en 1,3%, mientras que en el periodo del 2018 al 2019 fue del 0,7%. De igual modo, la pobreza extrema aumentó del 2014 al 2015 en un 1% mientras que el lapso del 2018 al 2019 fue del 0,8%. En esa época (2014-2015) fueron presidentes de Ecuador, Rafael Correa, de Chile, Michelle Bachelet, de Brasil, Dilma Rousseff, de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner…

¿De los datos presentados podríamos concluir que los niveles de desigualdad del ingreso aumentaron más en gobiernos socialistas y de izquierda, los cuales no aplicaron modelos neoliberales? Si la pobreza aumentó más en Chile en el 2014, ¿podríamos decir entonces que las protestas no se deben a aspectos relacionados con el incremento de la desigualdad sino a factores netamente políticos? ¿Hablamos entonces de desigualdad y nos olvidamos de lo que representaron estos gobiernos en términos de corrupción?

smantilla@elcomercio.org