Rodrigo Albuja Chaves

Ponerse la camiseta




La elevación de la tarifa del IVA causó algunas reacciones en los medios políticos y muy pocas en la población, pese al inminente encarecimiento de los precios de los bienes y servicios, como consecuencia de esa medida. Se explica este marasmo por la evidente reducción de las acciones de la delincuencia organizada, que ha despertado el optimismo de la población y el apoyo a la gestión gubernamental. Sin embargo, dejan un mal sabor las explicaciones del gobierno para reivindicar la justeza de la medida adoptada frente a la necesidad de recursos para sostener la guerra interna contra el narcotráfico, abogando por el irrestricto apoyo de la sociedad.

Ponerse la camiseta es la exhortación utilizada para justificar la obtención de nuevos recursos en plazos cortos, pero se omite admitir que los efectos esperados son desiguales. Estos dependen de la capacidad económica inequitativa e injusta que caracteriza a los diferentes estratos poblacionales

En situaciones en las que el país enfrenta una crítica situación económica, es tarea del gobierno delinear una estrategia que permita paliar el empobrecimiento de quienes no están en capacidad de reducir su consumo básico y de aquellos que se encuentran en la pobreza extrema. La necesidad de recursos no puede solucionarse poniendo sobre los hombros más débiles el sacrificio. Son los estratos de más altos ingresos, los grupos poderosos, a quienes el incremento de los precios que ya está en los mercados no les afecta o lo hacen en mínima proporción, los llamados a  contribuir al objetivo del gobierno.

El Ecuador es el único país de la región que no ha podido superar las consecuencias de la pandemia, luego de una desacertada gestión de los gobiernos anteriores, que alimentaron las condiciones para el festín de los corruptos que se encaramaron en el Estado para saciar sus apetitos por el dinero fácil. Hoy el país espera un nuevo derrotero expresado en un plan que siente las bases para la recuperación económica y se restablezca la seguridad, con la erradicación del narcotráfico.

El presupuesto anual es, por definición, el principal instrumento para la ejecución del plan que adopta el gobierno y propone al país. Si el plan es un conjunto de declaraciones sin un contenido técnico que convoque a la viabilidad que le otorgue la sociedad con su apoyo, y si sus objetivos no se ven reflejados en la asignación de recursos, como se aprecia en el caso de la educación, salud, y remediación por desastres – el embate del fenómeno del Niño-, el presupuesto no superará la condición de un listado de ingresos y egresos.

La mira del gobierno debe ser sentar las bases para que en el largo plazo seamos una sociedad pujante, con seguridad interna y en las fronteras, con empleo digno para la mayoría y un sistema de salud universal eficiente. Lo importante es evitar que el crecimiento económico sea el  principal impulsor tanto de la destrucción ecológica como de la desigualdad social. Los gastos sin sujeción a objetivos de beneficio para quienes más lo necesitan, o que no repercuten en el mejoramiento de su capacidad productiva, son otra forma de dispendio. 

Trabajar por  la gente, atender sus necesidades prioritarias, luchar contra la pobreza es ponerse la camiseta.

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