Francisco Rosales Ramos

El peligro de Correa

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Miércoles 29 de julio 2020

Con la confirmación de la sentencia a ocho años de prisión por el caso Sobornos, a Correa y a los otros condenados solo les queda el recurso extraordinario de casación, que se limita a corregir errores de derecho en la sentencia recurrida. No está permitido reexaminar el caso, las pruebas aportadas ni su valoración realizada por los jueces. Es más, de acuerdo con la ley, el tribunal que conozca la casación deberá, en primer término, decidir si hay fundamento legal para admitir el recurso o rechazarlo sin más análisis, si no cumple con los requisitos legales.
Es muy probable que el tribunal (que será compuesto por otros tres jueces de la propia Corte Nacional), admitirá a trámite el recurso, y luego del correspondiente análisis, decidirá, en definitiva, si casa o no la sentencia impugnada. Pero las posibilidades de que reforme la resolución son mínimas, porque está bien fundamentada y ha cuidado de respetar la ley y su interpretación. Además, los tiempos para el análisis son cortos y existe fundada expectativa pública por una decisión final estrictamente ajustada a los mandatos legales, pero al mismo tiempo oportuna, sin dilaciones.

Entonces, a Correa y sus compinches solo les queda crear el caos, trastornar al país y hacer lo imposible por desembocar en una Asamblea Constituyente de “plenos poderes” que, siguiendo el comportamiento abusivo de la infame de Montecristi, anule las sentencias de la Corte Nacional y proclame la inocencia del expresidente. Y para ello no importará que haya pruebas y documentos que prueben el esquema mafioso que se armó desde la jefatura del Estado para premiar a los contratistas de obras públicas con jugosos contratos a cambio de importantes contribuciones al “partido de gobierno”, a las campañas electorales que el correísmo ganaba con notoria facilidad y a los profundos bolsillos de los partícipes.

Correa y su banda estuvieron a punto de subvertir el orden constitucional en los bochornosos acontecimientos de octubre, que por poco destruyen a Quito, aupados por plumas y lanzas que sirvieron de carne de cañón en provecho de quien los dividió y ultrajó en los diez años de odio y desgobierno, por aquellos que usufructuaron del robo descarado de la Revolución Ciudadana, equilibristas que estuvieron a la espera de los resultados de la montonera, en lugar de defender el orden legal y la ciudad ultrajada, y algunos incautos que todavía viven engañados por la propaganda y el despilfarro de los 10 años, causa principal de la crisis actual.

De manera que quienes por vanidad y ceguera llenen las elecciones de candidatos y aspirantes, serán los responsables de que el correísmo, aunque minoritario, aproveche la dispersión creada exprofeso y se alce con el poder, que no lo volverá a soltar, según la práctica repetida de sus compinches ideológicos.