Gonzalo Ruiz Álvarez

Octubre 2019: perdimos todos

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Viernes 16 de octubre 2020

La extraña confabulación que juntó todos los demonios contra la vida y la convivencia en los aciagos días de octubre 2019 dejó honda huella.
Miraba la portada de un libro de Juan Valdano -Premio Espejo, escritor, académico de la Lengua y articulista de este Diario-. Es una foto de nuestro cronista gráfico Patricio Terán, que ilustra esos violentos días. Es un cuadro de terror. Una calle llena de piedras y escombros. Un piquete policial de caballería con los jamelgos protegidos. Al fondo, entre la humareda, la turba.

La protesta empezó con el bloqueo de los choferes y dueños de taxis y buses. Aquellos que siempre ofrecen mejorar el servicio y solo consiguen alza de tarifas. La chispa brotó como por casualidad en varias de las provincias de la Sierra central.
caminos tomados, ruta panamericana interrumpida. Asalto a plantaciones, leche derramada, parvas de flores arrumadas.
Luego vinieron el palo y la piedra, la violencia y la reivindicación de derechos ancestrales preteridos. Personas atacadas. Policías y militares secuestrados, vejados.Pronto las arengas anunciaban marchas. La toma de Quito fue un infierno. Junto a los miles de indígenas se mezclaron estudiantes siempre proclives a defender las causas populares, muchas veces con violencia.

Y los infiltrados, corpulentos encapuchados con escudos -fabricados antes-, con bazookas improvisadas. Las fuerzas del orden impotentes ante el caos y el desorden.

Algunas aulas universitarias improvisadas como ‘zonas de paz’, refugio de los manifestantes, alimentados y cobijados.Inverosímil: el Centro Histórico atacado y destruido. El Presidente se fue a Guayaquil, para preservar su vida y la de sus principales colaboradores, pero también para evitar una caída del Gobierno que parecía cosa de horas o días. Una buena decisión.
Los responsables de Quito y sus pseudo líderes: silentes, acaso cómplices de la barbarie. Quito fue tierra arrasada.

El Arbolito es un parque histórico. Duele en su corazón el monumento a la ‘hoguera bárbara’. Recuerda la marcha indígena de 1990 por la reivindicación de derechos y atención, no exenta de gran violencia, que muchos olvidan o prefieren ocultar.

Recuerdan la conquista brutal - como toda conquista- sobre los también brutales conquistadores incas de nuestros señoríos indígenas ancestrales. Todo a sangre y fuego y con esclavitud de por medio.

Hoy el continente es mestizo. Hay un sincretismo cultural, de orígenes atávicos y entretejido cultural inocultable en los retablos de las iglesias coloniales, en este arte que es de América para el mundo.

En los tejidos de colores y el paisaje andino. En el componente afro, que enriquece. La historia se escribe así, destruir al Ecuador de hoy, como los radicales quisieron, no es el camino. Buscar derechos con violencia y atropello es inaceptable. Agredir monumentos no cabe. Derribar la estatua de Isabel La Católica imita protestas anteriores. En Chile pintarrajearon a Baquedano. En la violencia se regodean los radicales.