Andrés Vallejo

Impuesto a la salida de divisas

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Viernes 15 de marzo 2019

Se ha vuelto dogma de fe atribuir al Impuesto a la Salida de Divisas el que la economía ecuatoriana no se reactiva ni mejora. Que los empresarios no invierten porque ese impuesto es determinante y negativo y su derogatoria es condición sine qua non para que todo funcione bien.

El alcance y efecto del impuesto tiene dos facetas: es un recargo del 5% a las importaciones y grava, por separado, con el 5%, a los capitales que salen del país. Constituye un ingreso importante para el Fisco, que recibe alrededor de USD 1500 millones anuales, cantidad nada despreciable dado el déficit fiscal casi crónico que afecta al país. El Ecuador tiene déficit, casi crónico también, en su balanza de pagos, es decir, le ingresan menos divisas de las que egresan, porque hay más importaciones que exportaciones no petroleras. El recargo del 5% a la salida de divisas que deben pagar los que importan mercadería, nada tiene que ver, conceptualmente, con el impuesto del 5% que grava la repatriación de capitales.

El recargo a las importaciones las encarece, las dificulta, lo cual, si no es lo ideal, se torna indispensable para evitar descapitalizar al país dolarizado que es el Ecuador, que requiere indispensablemente de divisas para que funcione la economía. Si se facilitan más las importaciones, ya bastante liberalizadas por los Acuerdos Comerciales con la CAN y la Unión Europea, el déficit de la balanza de pagos va a incrementarse y la economía disminuye su ritmo por el retiro de los dólares que se van al exterior para pagar las importaciones. Esto a más de considerar si es conveniente o no la importación indiscriminada.

Otra cosa es el impuesto al que envía dinero al exterior, no relacionado con las importaciones, y que rinde mucho menos.

Este impuesto retrae la venida de capitales. Los de extranjeros y los de ecuatorianos que por muchos millones de dólares están en el exterior desde hace muchos años.

Si alguien quiere invertir en el Ecuador, debe obtener una utilidad muy alta para que justifique el pago del 5% que debe hacer cuando repatríe esa inversión. Es un impuesto que no hace atractivo el ingreso de capitales limpios y desincentiva su retorno.

Deben, por lo mismo, buscarse fórmulas de solución que no involucren necesariamente los dos conceptos, que tienen finalidades diferentes.

Los capitales que huyen lo hacen a cualquier costo. El impuesto del 5% no los detiene. Se evita con seguridad jurídica, sin cambiar a cada rato las reglas del juego. El impuesto solo contribuye a la desconfianza y constituye un ingreso fiscal marginal.

Deben, por lo mismo, desvincularse los dos aspectos, porque así pueden encontrarse soluciones más inmediatas que faciliten y atraigan el ingreso y el retorno de capitales, sin sacrificar ingresos indispensables para el Fisco y sin poner en mayor riesgo a la deficitaria balanza de pagos.

Atar las dos cosas impedirá solucionar adecuadamente ninguna.

Columnista invitado