El poder como droga

El poder hace perder la perspectiva de su significado a quien lo ejerce. El Jefe de Estado, sus cercanos subordinados creen que el poder es para siempre y no piensan que tienen que algún momento rendir cuentas ante el pueblo y ante la historia de lo que han hecho o dejado hacer. Creen ser eternos. Muchos suponen tener atributos mesiánicos y ser salvadores del destino de un país. Están seducidos y obsesionados por el poder y no pueden dejar de demostrar que son poseedores de él; no se plantean siquiera la idea de perderlo. El poder es una droga y solo los políticos íntegros están conscientes de su carácter finito y de la importancia de saber retirarse a tiempo.

Esta concepción distorsionada del poder lleva -siempre hay excepciones- a cometer grandes y pequeños abusos.

El presidente Correa, por ejemplo, perdió pronto esa perspectiva y comenzó a abusar del enorme poder político y económico acumulado junto con sus acólitos durante más de una década. Su gobierno interpretó las leyes a su antojo y en algunos casos vulnerando hasta los derechos humanos. Varios de sus ministros hicieron lo mismo y terminaron en la cárcel o prófugos. Creyeron que el poder era suyo y para siempre…
Actualmente sucede algo parecido aunque con diferentes matices. Sin el carácter autoritario de su antecesor, el presidente Moreno y su equipo han perdido la perspectiva del poder que el pueblo les encomendó . Actúan como si fueran a permanecer sin límite de tiempo en sus grandes o pequeños espacios de poder donde su voluntad por ahora prima.

No de otra manera se explica que se cometan abusos que denotan esa falta de nitidez en el ejercicio del poder. Que el Jefe de Estado nombre a su hija en un alto puesto diplomático al igual que a sus amigos, o que sus ministros y asambleístas gestionen nombramientos para familiares o relacionados, es inadmisible en autoridades que se supone están al servicio del pueblo del cual son mandatarios. Más aún, los escandalosos casos de acusaciones de corrupción, agravados por cometerse durante una pandemia sanitaria y una crisis económica únicas en nuestra historia, contra la Sra. Ocles, el ex Presidente del IESS, el entorno del asambleísta del gobierno Daniel Mendoza, entre los más sonados, corroboran las afirmaciones sobre el ejercicio del poder cuando no se tienen arraigados los valores de la honestidad, la solidaridad y la honradez en su formación humana y de que lo que hacen es por un encargo temporal.

Los cuatro años que los mandantes les otorgan son para que gobiernen por el bien del país y no como hacienda propia en la que hacen y deshacen a su antojo. Los recursos que manejan no son suyos, son de los contribuyentes. La droga del poder marea y hace perder la perspectiva de quien lo ejerce. Es lo que sucede en el Ecuador de hoy.