Abrirse al mundo: una política de Estado

Abrir el país hacia el mundo debe ser una política de Estado con indeclinable continuidad en el tiempo.

Tras los desacuerdos internos y los pruritos que llevaron hace más de una década a desdeñar el TLC con Estados Unidos, ese mapa está cambiando. Este Gobierno ha dado muestras de apertura.

La tardía concreción de los acuerdos con la Unión Europea concedió ventajas a nuestros vecinos que se están recuperando. Tras la década perdida, la política comercial busca abrir horizontes y propiciar acuerdos distintos. El intercambio con Europa repuntó en el primer año del acuerdo, aunque se ha ralentizado.
Con la Alianza del Pacífico hay otro tono en las conversaciones y esa opción debe prosperar.

Hay que apuntalar el acuerdo Asia – Pacífico como un mercado duradero y próspero para las exportaciones.

Ante la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea (Brexit) surge una oportunidad de plantear una negociación de Ecuador, en bloque con Colombia y Perú.

Para Ecuador, es clave que Gran Bretaña mantenga al banano sin elevados aranceles. Por esa y otras razones una política de Estado certera debe ser continua y sustentada.

Si, como se señaló ayer en un reportaje de este Diario, las exportaciones no tradicionales bajan, es hora de seguir juntando todos los esfuerzos.

Están en primer lugar las empresas que se dedican a producir para la exportación. De ellas dependen miles de plazas de trabajo.

A la visión empresarial y a los temas de ventajas competitivas se juntan aspectos como los volúmenes de producción, los costos de producción y algo clave: la calidad.

Las autoridades económicas deben seguir actuando de consuno con los ministerios de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior para exponer los alcances de esas políticas y sostenerlas en el tiempo.

Así como la seguridad jurídica para los inversionistas debe operar, las muestras de un país serio con palabra, con políticas sostenidas en el tiempo generarán confianza en una apertura ineludible de mercados.