María Herrera Heredia

¿Dolarizar América Latina?

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Viernes 19 de octubre 2018

Columnista invitada

Uno de los problemas más graves de Venezuela es la inflación, que el FMI ha estimado en un millón por ciento en este año, lo cual supone una pérdida altísima del valor del bolívar, tanto que le quitaron 5 ceros para aparentar una revalorización y evitar que los venezolanos tengan que comprar una lata de cerveza en un millón doscientos mil bolívares promedio.

Argentina si bien no alcanza cifras tan críticas tiene también problemas de devaluación monetaria, más del 15% en agosto, inflación anual superior al 30% y tasas de interés que sobrepasan el 50%. Los argentinos se obsesionan con el dólar y el gobierno de Macri adopta medidas para generar confianza y fortalecer el peso, mientras se multiplican las marchas en contra de los ajustes y los acuerdos de deuda con el Fondo Monetario.

Más, menos, la mayoría de países de América Latina soporta presiones sobre la demanda del dólar, el billete verde se impone. Ecuador le debe su estabilidad, la baja inflación, la disminución de la especulación, el incremento del salario real y sobre todo la confianza de la gente. El mejoramiento de la calidad de vida de los ecuatorianos es innegable, sobre todo de los estratos medios y bajos, los obreros, los artesanos, los funcionarios públicos accedieron con sus salarios en dólares a bienes y servicios hasta antes del 2000 vedados para estos rangos sociales, fruto de ello es el incremento de automotores, el desarrollo del turismo nacional e internacional y el aumento del consumo externo, que volvió negativa la balanza comercial, sin embargo y sin desestimar esta consecuencia, hemos de reconocer sus bondades, tanto que es casi prohibido hablar de volver a una moneda propia.

Varias voces se han pronunciado por implementar el dólar en América Latina, cuya ventaja desde esa óptica sería la de guardar un equilibrio y una sana competencia entre los diferentes países de la región y obligar al sector productivo a ser competitivo a través de mejorar las técnicas productivas y no en base a devaluaciones que a la postre terminan pasando factura a la industria y desarrollo nacional. A la par hay también voces que no solo se niegan a abordar el tema sino que lo miran perverso y absurdo, a nombre de una mal entendida soberanía monetaria.

Sin embargo, vale pensar que la mayoría de países tiene un porcentaje de dolarización informal, legislaciones que permiten depósitos en moneda extranjera, las cuentas micro y macroeconómicas (PIB) con dolarización de activos y pasivos (Deuda), etc., con lo cual existe un proceso de dolarización de los saldos de sus cuentas, faltando por dolarizar solo los flujos. La adopción del dólar en consecuencia haría más factible la inversión extranjera, eliminaría el riesgo cambiario y mejoraría la confianza de los mercados externos y la credibilidad económica, lo que la impide es el manejo político de las economías.