Fabián Corral

Los desafíos de la tecnología

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Jueves 14 de marzo 2019

El libro ¡Sálvese quien pueda! de Andrés Oppenheimer (El futuro del trabajo en la era de la automatización) plantea un tema crucial para profesionales, los trabajadores, para la sociedad, el Estado y el Derecho. No es un texto de ciencia ficción. Es una noticia oportuna y un análisis objetivo de lo que ya ocurre, y de lo que sucederá en poco tiempo, con la creciente aplicación de la tecnología (la robótica y la inteligencia artificial).

Ocupados como vivimos con la política coyuntural, es posible que una revolución de tal magnitud nos sorprenda sin preparación y con usos sociales y sistemas legales obsoletos.

1.- La inevitable penetración de la tecnología.- Casi no existen actividades que no estén determinadas por la tecnología, y el futuro lo estarán más aún, al punto que el tema provocará inevitables efectos en la economía, las profesiones, el empleo y los salarios, entendidos según los cánones tradicionales. La industria aplica en forma creciente la robótica; los diseños, la producción en serie, los controles de calidad se hacen, cada vez más, con prescindencia de los seres humanos. El comercio, el trasporte, los servicios, las actividades asociadas al turismo, como la hotelería, son campo fértil para toda suerte de sistemas informáticos. El periódico de papel se bate en retirada. La publicidad crece en forma exponencial en internet. En las profesiones (arquitectura, abogacía, finanzas, periodismo, agricultura y ganadería, medicina, banca, contabilidad, educación, etc.) prosperan los métodos donde los algoritmos reemplazan con eficiencia a las personas. La tecnología trabaja sin descanso, sin vacaciones, sindicatos, ni salarios.
En Quito, los guardias de los parqueaderos van desapareciendo, hay máquinas que los sustituyen. Con los correos electrónicos, la mensajería se vuelve obsoleta.

Estamos viviendo una profunda y silenciosa revolución que afecta a los comportamientos, las relaciones interpersonales, los puestos de trabajo, los salarios y a gran cantidad de derechos, estilos de vida, referentes y expectativas de todas las comunidades y personas del mundo. Basta tomar el teléfono móvil y mirar la gran cantidad de opciones y servicios que contiene.

2.- Un sistema laboral que será obsoleto en poco tiempo.- La revolución tecnológica superará al sistema legal de la mayoría de los países, especialmente latinos, que, casi sin excepción, han propiciado protecciones sistemáticas a los trabajadores y han extremado la inflexibilidad de los regímenes de contratación. Es muy probable que, en poco tiempo, el sistema legal quede obsoleto. Incluso el concepto de empresa puede cambiar sustancialmente. El Derecho sufre una sistemática des materialización y “des localización” en el mundo global. Las transacciones se hacen desde ninguna parte. Muchos contratos ya no responden a las viejas normas de los Códigos Civiles. Los disputas que provienen de los negocios superan las estructuras procesales.

3.- ¿Habrá respuestas oportunas?.- El crecimiento del fenómeno debería preocupar a las autoridades y especialmente a los políticos y legisladores. Es indispensable, en tales condiciones, que se piense, con tiempo, responsabilidad y conocimiento, en las adecuaciones necesarias a un sistema legal cuyos referentes datan de hace muchos años, y que quedarán fuera de juego en poco tiempo, como son, en materia laboral, la teoría de la estabilidad indefinida, las limitaciones a la celebración de contratos precarios, la prohibición al cambio del puesto de trabajo, la prohibición al pago de salarios por horas, la rigidez de turnos y horarios de labor, las reglas respecto del teletrabajo, las limitaciones a la incorporación de tecnología a causa de las condiciones que imponen los contratos colectivos, etc.

4.- Los puestos de trabajo y los salarios.-Una de las principales preocupaciones derivadas de la revolución tecnológica tiene que ver con la eventual pérdida de puestos de trabajo y, consiguientemente, con la desocupación a causa de la sustitución de la mano de obra humana con las computadoras. Las respuestas del Estado no pueden quedarse en negar las evidencias y bloquear el acceso al uso de la tecnología. Hay que modernizar el régimen, porque estas innovaciones llegarán de todas maneras. Si la legislación no se adecua con sabiduría y oportunidad, la respuesta puede ser la informalidad, el desempleo y la fuga de inversiones.

A los efectos de semejante revolución en el orden laboral, se suman los que provienen de la migración, frente a los cuales no hay respuesta oficial consistente y de largo plazo. Paralelamente, está el tema de los salarios que compiten cuesta arriba con los costos cada vez menores de la tecnología, que está transformando a la sociedad.

5.- Las profesiones, ¿están en riesgo?.- Las sociedades modernas se estructuraron en buena medida, en torno a las profesiones liberales, que además de fuente de recursos, han sido sistemas importantes de ascenso social. Las universidades son entidades de servicios que forman abogados, médicos, ingenieros, economistas, técnicos, banqueros, etc. pero, que, salvo excepciones, los forman aún al estilo del siglo XIX. La Academia tampoco ha progresado frente a la agresiva presencia de la tecnología. Hay profesiones en riesgo, es verdad, porque la tecnología está invadiendo también numerosas tareas reservadas a los profesionales.

6.- La solución.- La solución es enterarse, reformar los sistemas de formación de profesionales, modernizar las leyes bajo en entendido de que la saturación legal no es la respuesta, asumir la realidad, preparar a la gente. La solución no está en tirar piedras a los autos que operan con plataformas móviles ni hacer huelga contra algoritmos y computadoras.

fcorral@elcomercio.org