Diego Araujo Sánchez

Autobombo electoral

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Martes 23 de febrero 2021

El candidato de Rafael Correa, Andrés Arauz, peregrinó la semana pasada a la ciudad de Washington para reunirse con funcionarios del Fondo Monetario Internacional. Un hábil movimiento con el que pretendía matar dos pájaros de un tiro para limpiar la imagen electoral: primero, despejar temores de grupos empresariales y de sectores de la opinión nacional sobre las repercusiones negativas para la inversión por causa de rupturas o relaciones conflictivas con ese organismo y los demás multilaterales si el candidato del Socialismo del siglo XXI llegara a ganar la segunda vuelta en abril; segundo, contrarrestar los efectos de la publicación de la revista Semana de Colombia, con la grave denuncia en conocimiento de la Fiscalía del país vecino, que ha prestado su asistencia a la Fiscalía ecuatoriana, sobre un supuesto aporte del ELN a la campaña electoral de Arauz, aporte registrado en los archivos de la computadoras de Uriel, el comandante guerrillero abatido en octubre del año pasado.

No son excepcionales esas reuniones en el FMI con figuras políticas, más aún si se hallan con posibilidades de ocupar los más altos cargos de un Estado; pero no pasan de ser encuentros convencionales, sin trascendencia digna de memoria.

Lo curioso y hasta insólito de la reunión son las declaraciones ulteriores del candidato: “… luego de meses y meses de un esfuerzo que hemos hecho nosotros en el Congreso de Estados Unidos y a nivel mundial con muchos socios y amigos, finalmente parece que en estas semanas el Fondo Monetario Internacional va a emitir más de 500 mil millones de dólares en Derechos Especiales de Giro (DEG) que es un dinero que se distribuirá a los distintos países del mundo y una parte le llegará al Ecuador a partir de nuestra gestión”.

El candidato, incluido en el ambiguo plural, señala que se ha dedicado durante meses y meses, “con socios y amigos”, a realizar gestiones en el Congreso estadounidense y en todo el mundo, a fin de que el FMI emita USD 500 mil millones en DEG para distribuirlos a distintos países. Una parte llegará al país, “a partir de nuestra gestión”, anuncia Arauz. Es decir, ni siquiera pone los pies en Carondelet y ya se da lija al atribuir a su gestión haber logrado para el país un pedazo de ese pastel millonario del FMI. Es presuntuoso arrogarse ese mérito por pedir que, por la crisis económica global causada a raíz de la pandemia, el organismo multilateral apoye a los países con ingresos bajos y medios por los DEG, un activo de reserva internacional creado lustros atrás por el organismo multilateral y que se ha utilizado en otras crisis. No constituyen una sorpresa aquellas declaraciones. La larga noche de la revolución ciudadana se ha caracterizado por la distancia sideral entre la propaganda o el autobombo y los hechos, entre los discursos y la realidad.