Dimitri Barreto P.

Violencia moralista contra la mujer

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Desde 2015, ministros y embajadores de Ecuador pasan vergüenza en Ginebra cada vez que acuden a comités que velan por los derechos humanos en las Naciones Unidas. En las sesiones, el país es señalado, mal, por criminalizar el aborto en casos de violación.

El castigo al aborto tiene vieja data en el país pero en el correísmo, en lugar de ser sometido a debate (con asambleístas silenciados), solo fue apuntalado.

En ese contexto, resultaba por lo menos contradictorio que un día el Presidente de la actual Asamblea, exministro del Interior, hablara de la ‘infamia’ de esa ‘sociedad machista’ que enjuicia penalmente a 184 mujeres por abortos, y que cuatro días después se instalara una sesión del Parlamento para con textos anexados a último momento y votos de todos los presentes se aprobara una Ley de protección a la mujer, que la criminaliza.

No, la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres no es una ‘Ley de Aborto’, pero hasta la mañana del 28 de noviembre del 2017 su propuesta incluía las causales de penalización para delatar a las mujeres que acudían en busca de atención médica por ese motivo.

Y revictimizaba a niñas violadas con la inclusión del tutor legal como acompañante en los servicios de salud y justicia, cuando nueve de cada 10 agresores forman parte del núcleo intrafamiliar o son conocidos de la víctima.

Sí. En menos de tres días, esa Asamblea eliminó esas dos figuras de la Ley contra la violencia a la mujer: criminalización por aborto y revictimización por violación. Positivo. Pero la ‘Ley del Aborto’ no ha variado; está vigente: el Código Orgánico Integral Penal, herencia del régimen de Correa, rige desde agosto del 2014.

La Ley contra la violencia a la mujer, con la inclusión del enfoque de género (21 menciones), marca un hito. ¿La moral fue erradicada de la política pública? El Código Penal, que aún trata a una mujer violada como criminal por abortar, es el nuevo desafío de la Asamblea. Los gritos contra el ‘machismo’ y las vergüenzas en Ginebra no velarán por los derechos.