Jaime Costales C.

Acción por Venezuela

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Martes 12 de marzo 2019

La difícil situación político-económica de Venezuela ha desembocado en una crisis humanitaria sin paralelo en la historia latinoamericana. A pesar de las astronómicas tasas de inflación, el imparable éxodo migratorio, los cientos de miles de niños en riesgo de muerte por la desnutrición y la creciente presión internacional, el gobierno venezolano rechaza toda ayuda humanitaria.

El sistema de salud en Venezuela se encuentra colapsado. Los profesionales médicos y los científicos que estudiaban y monitoreaban las enfermedades infecciosas se han visto obligados a emigrar. Las medicinas, reactivos para diagnóstico, vacunas y otros insumos médicos son escasos e inaccesibles. Esto ha causado que enfermedades prevenibles mediante la vacunación, como el sarampión y la difteria, tengan un repunte alarmante. Igualmente, la falta de tratamiento y la interrupción de las actividades de control para enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, la leishmaniasis y la enfermedad de Chagas, es muy preocupante.

La malaria, que desde hacía décadas había sido eliminada de la mayoría del territorio venezolano, presentó casi medio millón de casos en el 2017. Aunque la información disponible es fragmentaria e incompleta, es evidente que esta situación sanitaria constituye una grave amenaza para la población venezolana, los países vecinos y la región. Por otra parte, el gobierno venezolano oculta activamente la crisis sanitaria e incluso ha eliminado las dependencias encargadas de reportar estadísticas sobre enfermedades a la Organización Mundial de la Salud.

Los certificados de defunción se firman en presencia de miembros de la Guardia Nacional Bolivariana y los médicos pueden ser encarcelados por listar desnutrición, malaria o dengue como causas de muerte.

Bandas armadas destruyen los equipos y laboratorios de los científicos que se atreven a diagnosticar y reportar estas enfermedades y los profesionales de la salud son amenazados con el retiro de su licencia médica. Bajo estas circunstancias, aquellos médicos y científicos que se mantienen trabajando en Venezuela son verdaderos héroes que enfrentan la crisis y la opresión armados únicamente con sus conocimientos, su dignidad y el amor por su país.

Se requiere una respuesta internacional coordinada para apoyar a Venezuela y sus vecinos a enfrentar esta crisis sanitaria, incluyendo una mayor presión para que el gobierno venezolano acepte ayuda humanitaria, insumos y personal médico. El rol de las redes científicas, gobiernos y organizaciones regionales e internacionales es fundamental para monitorear la propagación de enfermedades e implementar estrategias para su control y contención. Trabajar junto al pueblo venezolano en esta crisis es responsabilidad de la región y del mundo.

Columnista invitado