20 de enero de 2019 00:00

Vacacela, un motociclista indígena que compite con un pie ortopédico

Luis Vacacela, de 24 años, junto a las motos de competencia en los patios de su residencia en Saraguro. Foto: Manuel Quizpe/ EL COMERCIO.

Luis Vacacela, de 24 años, junto a las motos de competencia en los patios de su residencia en Saraguro. Foto: Manuel Quizpe/ EL COMERCIO.

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Manuel Quizhpe
Redactor (D)

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Luis Vacacela no conoce límites. A los 16 años sufrió un accidente en su moto y como consecuencia perdió su pie derecho. Siguió un largo proceso de rehabilitación y ante el asombro de familiares y amigos retornó a las carreras con la ayuda de un pie ortopédico.

Su reaparición fue molestosa, dolorosa. “No se siente lo mismo, hay sensaciones extrañas, tienes algo que te está apretando y así es difícil para correr”. El piloto de 24 años recuerda que, en su retorno a las pistas, se fue de largo y se cayó al no poder frenar la moto.

Vacacela está consciente que entra a la pista en condiciones desiguales ante rivales en plenas condiciones físicas. Pero lo hace como un desafío personal. “Me costó dominar la moto, sobre todo adaptar mi pierna con la prótesis”.

El accidente lo sufrió en una pista de Loja, en una competencia provincial. “Me caí al chocar con otra moto y vino una tercera moto que se fue encima de mi pie”.

Durante tres meses trató de recuperarse en una casa médica de Saraguro, pero al constatar que no se cicatrizaba la herida viajó a Almería, España, donde residen desde hace 20 años sus padres: Manuel Vacacela y Luz Quizhpe. Los médicos españoles no pudieron salvar su pie. Seis meses permaneció hospitalizado. Después tuvo tres meses de reposo absoluto y usaba muletas.

Dos años permaneció en Almería con sus progenitores y su hermano mayor Álex. Ahora vive en Saraguro con su abuela paterna, Rosa Chalán.
Después de tres años del accidente y superando un largo proceso de rehabilitación, Luis volvió a la competencia con una prótesis. Desde entonces ha competido en Saraguro, Loja, Yantzaza, Zamora, Yacuambi, Nabón, entre otros lugares.

Por sugerencia de sus progenitores, no asiste a las competencias que se realizan en Cuenca. “En esa ciudad hay pilotos de alto nivel y mis padres piensan que en esas carreras estoy más propenso a las caídas”. Sin embargo, ha competido con motociclistas azuayos en otros escenarios.

A la entrada de la vivienda de su abuela están estacionadas dos motos de competencia; mientras otras dos están en un patio. Sus precios están entre USD 5 000 y 10 000. Son los regalos de su padre, a quien lo nombra como su financista.

Él forma parte de un grupo de motociclistas indígenas de Saraguro que son protagonistas en las competencias de Loja y Zamora Chinchipe. Entre sus compañeros están Andrés y Julio Guamán, José Luis Cango y Abel Sarango. Este último es hijo del alcalde de Saraguro, del mismo nombre.

La pasión por el motociclismo se inició a los 12 años. A esa edad, su padre le compró una pequeña moto y desde entonces se involucró en la disciplina. Su progenitor también es un aficionado de las motos y compite cuando visita el cantón lojano de Saraguro.

Vacacela egresó de la carrera de Geología y Minas en la Universidad Técnica Particular de Loja. En los próximos cuatro meses espera terminar la tesis para obtener su título profesional. Él destaca el apoyo constante de sus padres para todos los proyectos que emprende, como los estudios.

Para este año tiene planificado una serie de competencias e incluso pretende hacerlo con una nueva moto. Su meta es correr en tres categorías: mecánica nacional, chinas y 250 cm3, como lo hizo en el 2018. Entre las carreras más cercanas, previstas desde febrero, constan las de Yacuambi, Yantzaza y Zamora Chinchipe.

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