2 de octubre de 2018 00:00

Lucy Jaramillo trabaja con estudiantes sordos en Imbabura

Lucy Jaramillo observa las competencias en la pista Jefferson Pérez, en Cuenca. Foto: Manuel Quizhpe / EL COMERCIO

Lucy Jaramillo observa las competencias en la pista Jefferson Pérez, en Cuenca. Foto: Manuel Quizhpe / EL COMERCIO

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Redacción Cuenca (D)

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Su pasión por el atletismo sigue vigente. Lucy Jaramillo se alejó de las pistas después de competir en los Juegos Olímpicos del 2012 en Londres y se ­vinculó por completo a la labor de profesora de Cultura Física en la Unidad Educativa de Sordos de Imbabura.

Se siente honrada de trabajar con niños, adolescentes y jóvenes sordos, quienes exigen ser incluidos en la sociedad. “Que no puedan hablar o escuchar no es para que les hagamos a un lado”. Por ello, su principal reto al inicio fue aprender el lenguaje de señas.

Los alumnos fueron quienes, mediante la convivencia diaria, le enseñaron a comunicarse mediante gestos, señas y movimientos de manos. “En la vida, todo es más fácil cuando se ama lo que se hace”. Ahora, en medio del silencio, sabe cómo guiar a sus alumnos.

Jaramillo, quien hace dos semanas estuvo en Cuenca con motivo del Open Panamericano de Atletismo para Personas con Discapacidad Auditiva, está consciente que laborar con alumnos sordos es un mundo diferente. “Hay que interiorizarse en la vida de cada uno de ellos para conocer sus necesidades”.

En la actualidad, la excampeona sudamericana y bolivariana vive dos facetas diferentes durante la jornada diaria. Por la mañana es profesora de Cultura Física de niños y jóvenes sordos, de 6 a 22 años. Y por la tarde, de 14:00 a 17:30, tiene un puesto de venta en el mercado Amazonas de Ibarra.

Con su sencillez característica, Jaramillo asegura que ganarse el pan de cada día de manera honesta no le afecta a nadie ni se le caen los brazos. A los clientes los trata con amabilidad: “Venga, mi reina. Venga, mi amor. ¿Qué le sirvo?”. En su puesto ofrece yuca, papaya, guayaba, naranjilla, piñas, pimiento, tomate de árbol, tomate riñón, ají, remolacha, zanahoria blanca y amarilla...

La exatleta de origen carchense tiene dos hijas con Fabricio Bernardo. La primera se llama Fabricia y la segunda, Fabiola, de 5 y 3 años, en ese orden. Ellas son el ‘motor’ de su vida, y su objetivo es dejarles un legado de perseverancia y humildad. Se emociona cuando habla de las pequeñas.

Con su experiencia como exdeportista sabe que los técnicos de cada disciplina deben convertirse en verdaderos motivadores de sus dirigidos. Hay que conocer cómo viven, cómo es la relación con sus padres, cuál es su alimentación, si tienen para los pasajes del bus, entre otros aspectos que inciden en la vida cotidiana.

La exatleta olímpica registra participaciones internacionales desde el 2000 hasta el 2012, con éxitos en las pruebas de 100, 200, 400 y 800 metros. Sin embargo, su máximo logro es haberse clasificado a los Juegos de Londres 2012. Ella asegura que “es la maestría para todo seleccionado nacional”.
Alos seleccionados pide honrar siempre a sus padres, porque se tiene una sola vida. “Ellos nos regañan porque siempre quieren lo mejor para nosotros, yo agradezco a mis padres que están en el cielo”.

Jaramillo se siente una imbabureña más y está feliz porque hay nuevos talentos en la provincia, liderados por la campeona mundial juvenil de marcha, Glenda Morejón.

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