18 de octubre de 2018 00:00

El inglés es un enganche para la educación de los juveniles

Gabriel Quiñónez, de Independiente, lee en la clase del profesor Christian Alcócer. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Gabriel Quiñónez, de Independiente, lee en la clase del profesor Christian Alcócer. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Álex Puruncajas
Álex Puruncajas. Redactor (D)

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La profesora Susana Morales pregunta cuál es la forma infinitiva del verbo ‘be’ y se hace un silencio en el aula.  Los adolescentes del Independiente del Valle se miran inquietos. Otros agachan la cabeza para revisar sus libros. Eso hasta que uno levanta la mano para responder y recibe el ‘very good’ de la ‘teacher’.

El inglés es una de las clases que se imparte a los juveniles, en la Unidad Educativa para la Formación Deportiva Integral del Independiente. El colegio está instalado en el propio complejo del club, en Sangolquí. Tiene ocho docentes.

Por las tardes, los talentos van a las aulas, tras entrenarse por las mañanas. Se los educa para los niveles medio y superior de educación básica y para el bachillerato técnico en recreación y deporte.

Las clases son obligatorias para los 96 jugadores que viven en la residencia de los rayados. El 90% de ellos viene de provincias fuera de Pichincha. Pertenecen a Guayas, Esmeraldas, Manabí, Los Ríos...

En Liga, las clases también son ineludibles para todas las categorías. Los canteranos se educan en el colegio de la ‘U’ y en el de Fundeporte. También en el colegio José Martí, a distancia. Sus maestros acuden, en ocasiones, a Pomasqui.

Jugadores del Independiente reciben clases por las tardes. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Independiente y LDU son los clubes de la Serie A que proveen educación a los jugadores de todas sus categorías. U. Católica y El Nacional costean los estudios de quienes viven en sus residencias.

Emelec tiene un convenio con una institución. En Barcelona, hay becas para colegio y Universidad. Y, en Aucas, un grupo recibe clases de inglés.
Los clubes buscan que sus jóvenes jugadores tengan una mejor formación.
“Independiente exporta futbolistas, pero también quiere formar personas que aporten a la sociedad”, dice Carolina Lara, encargada del área de Desarrollo Humano de los rayados.

El colegio de los rayados, con el aval del Ministerio de Educación, funciona en Sangolquí desde el 2014. En los primeros años, a los profesores les costó impartir clases por el comportamiento de los talentos que, en varios casos, provienen de hogares disfuncionales, admite Christian Alcocer, vicerretor del instituto.

Por ello, se enfatizó en la formación de valores, explica Alcocer. Ahora, los jugadores exponen en casas abiertas. Desde el 2014, se han graduado 20. Jhegson Méndez, capitán rayado, pasó por esas aulas. Eso sí, no todos los que se graduaron llegaron al equipo de la Primera categoría.

Djorkaeff Reasco
y José Francisco Cevallos, quien juega en Bélgica, obtuvieron el bachillerato en el colegio albo.

Los profesores suelen poner de referentes a los jugadores graduados, en las aulas. Los juveniles quieren seguir sus pasos y también tienen un interés común: aprender bien inglés.

Gerald Mora, guayaquileño de 13 años y quien vive desde hace año y medio en la residencia de IDV, dice que el inglés le ayudará a salir a un equipo europeo en los próximos años.

El esmeraldeño Rubén Merlín, lateral de Universidad Católica de 15 años, cuenta que le pone ‘ganas’ al inglés, al igual que sus compañeros. Los adolescentes ven a Antonio Valencia en el Manchester United. Creen que el idioma les ayudará a ir a Inglaterra.

Matemáticas también interesa a los jóvenes de la ‘Cato’. 25 jugadores de formativas estudian en un aula instalada en el complejo de la Armenia.
El proyecto educativo funciona en el complejo desde hace cuatro meses. Belén Reinoso, Renny Rivero y Abraham Pazos dan las clases.

En la ‘Cato’, se aplica un modelo de ‘educación unitaria’ para explotar las destrezas de jugadores de diferentes niveles educativos. “Tratamos de apoyarlos, puesto que sus horarios son complicados por los entrenamientos”, dice Rivero. Los deberes se hacen en clases.

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