
Mientras España celebraba su segundo título mundial y las 48 selecciones participantes recibían millonarios premios, hubo un ganador que pasó desapercibido para muchos: la FIFA.
El organismo rector del fútbol mundial volvió a demostrar que la Copa del Mundo no solo es el torneo más importante del planeta, sino también uno de los negocios deportivos más rentables de la historia.
El ciclo mundialista comprendido entre 2023 y 2026 dejó ingresos récord para la FIFA.
En ese período, el organismo recaudó 13.000 millones de dólares, la cifra más alta registrada en un ciclo de cuatro años.
De ese total, más de 9.000 millones de dólares provinieron directamente del Mundial 2026.
La principal fuente de ingresos fueron los derechos de televisión, que generaron más de 4.000 millones de dólares.
A ello se sumó la venta de entradas y paquetes hospitality, que aportó más de 3.000 millones de dólares.
El tercer gran ingreso llegó por concepto de patrocinios comerciales, con más de 2.000 millones de dólares.
En conjunto, estos tres rubros representaron la mayor parte de los recursos obtenidos durante la Copa del Mundo.
Aunque los premios repartidos fueron los más altos en la historia del torneo, la diferencia con los ingresos totales es considerable.
Las 48 selecciones participantes compartieron casi 900 millones de dólares en premios, es decir, menos del 10 % de todo el dinero que generó el Mundial.
Por ejemplo, España, como campeona, recibió cerca de 50 millones de dólares, mientras que Ecuador, que llegó a dieciseisavos, obtuvo más de 21 millones por su participación.
Organizar un Mundial también implica una enorme inversión.
La FIFA destinó aproximadamente 3.800 millones de dólares para la realización del torneo, incluyendo logística, operación, infraestructura temporal, organización y otros gastos.
Sin embargo, incluso después de cubrir esos costos, el organismo obtuvo un beneficio superior a 5.000 millones de dólares.
Cada cuatro años, la Copa del Mundo paraliza al planeta por lo que ocurre dentro de la cancha.
Pero detrás de cada partido existe una gigantesca industria que mueve miles de millones de dólares entre derechos de transmisión, patrocinadores, venta de entradas, licencias y experiencias para los aficionados.
El Mundial 2026 volvió a confirmarlo: mientras las selecciones luchaban por levantar el trofeo, la FIFA fue, una vez más, la gran ganadora en el aspecto económico.

