7 de junio de 2019 00:00

Jugadoras dividen su tiempo entre sus hijos y la Superliga femenina

La colombiana Paula Patiño es regularmente titular en la Superliga, con Emelec. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

La colombiana Paula Patiño es regularmente titular en la Superliga, con Emelec. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Ronald Ladines
Redactor (D)

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Elizabeth Sánchez suele llevar a sus dos hijos a los entrenamientos, en el equipo femenino del Club Sport Emelec, en el parque Samanes. Mientras escucha la charla técnica, levanta la cabeza para buscar a sus descendientes, que la esperan en las gradas.

En ocasiones su esposo se queda en casa cuidándolos, pero sus horarios rotativos le impiden hacerlo todos los días. Para ella no es un problema, dice que sus hijos de 6 y 10 años saben comportarse.

Ella juega fútbol desde los 14 años, estuvo en el Colegio San José La Salle, selección del Guayas y ahora en Emelec. Actuar en la Superliga femenina es un sueño cumplido, por eso disfruta cada partido y entrenamiento.

Usualmente sus días son ajetreados. Por la mañana envía a sus hijos a la escuela y se va a trabajar. Ayuda a hacer empanadas para un local en el sur de Guayaquil, hasta las 12:00, para luego pasar por sus retoños y llevarlos al almuerzo.

“Es difícil porque aunque es una liga profesional, aún no podemos vivir del deporte, como los hombres. Debemos buscar otras fuentes de ingreso para nuestros hogares”, contó la mediocampista de 32 años.

Para poder ajustar sus horarios renunció a su trabajo anterior, como despachadora en una gasolinera. No podía asistir a las prácticas y decidió buscar un empleo eventual, que le permitiera cumplir su sueño.

La colombiana Paula Patiño, compañera de Sánchez en el cuadro eléctrico, también es madre. Sin embargo, su hija de 4 años está en su país natal. Trata de comunicarse con ella a diario por celular.

“Tengo sentimientos encontrados, por un lado estoy contenta de jugar un torneo profesional con Emelec, pero por otro lado también se extraña a la familia, principalmente a la niña”, dijo la mediocampista de 28 años.
Por el momento se dedica únicamente al fútbol, dice que está buscando otra fuente de ingresos, porque quiere traer a su hija de vacaciones, cuando finalice su período lectivo.

En Barcelona SC también hay dos mujeres que comparten su pasión por el fútbol con sus tareas maternas. Una de ellas es Michelle Gallegos, que además de ser delantera del cuadro torero, forma parte del personal administrativo del Ministerio de Salud.

Michelle Gallegos y Dennise Arroyo, compañeras en Barcelona Sporting Club. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

Michelle Gallegos y Dennise Arroyo, compañeras en Barcelona Sporting Club. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

Cuenta que su jornada se inicia a las 05:00, cuando prepara a su hijo Santiago, de 9 años, para la escuela; posteriormente se dirige a su oficina y finaliza el día en la práctica del club, en el complejo de Samanes.

“Estar en Barcelona SC es una gran responsabilidad, aunque tengamos otros trabajos, sabemos que a las 19:00 debemos estar activas para el club. No tenemos un trato especial por ser madres, pero la entrenadora (Josselyn Montaño) comprende si hay alguna eventualidad”, contó.

Le heredó a su hijo su amor por el fútbol. El menor está en las escuelas formativas de Emelec. “Ya lo vamos a cambiar”, dijo entre risas.

Durante los entrenamientos suele hacer pareja con Dennise Arroyo, que tiene un hijo de 4 años. Ella es zaguera y se demora tres horas para llegar desde su casa, en el Guasmo Sur, hasta los Samanes, porque debe tomar dos buses.

Arroyo, de 22 años, cocina para sus hermanos y para su esposo, en la mañana. En la tarde deja a su pequeño Thiago en la escuela, y luego asiste a sus entrenamientos. “Mi hijo siempre va a los partidos, mi esposo lo lleva. Es un orgullo que me vea, que note que los sueños sí se cumplen”, dijo.

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