17 de agosto de 2018 10:07

Primera latinoamericana en coronar el Everest sin oxígeno busca nuevas rutas

Carla ­Pérez, en su segundo ­intento, llegó a la cima del Everest, a 8 848 m.

Carla ­Pérez, en su segundo ­intento, llegó a la cima del Everest, a 8 848 m. Foto: Cortesía de Iván Vallejo

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Agencia EFE

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La montañista ecuatoriana Carla Pérez, quien en 2016 logró su hazaña de “estar muy cerca del cielo” sin oxígeno artificial en la cumbre del Everest, busca nuevas rutas de 8 000 metros sobre el nivel del mar, en el continente asiático.

Con 35 años, la escaladora -de 1,60 metros y 55 kilos- aspira abrir nuevas rutas en montañas de siete y ocho mil metros con el apoyo de los escaladores ecuatorianos Iván Vallejo y Esteban Mena, con quienes descubrió la pasión por las alturas.

En una conversación con Efe, a más de 4 000 metros de altitud en la montaña Rucu Pichincha, a cuyos pies se levanta Quito, Pérez confesó que los volcanes y cumbres se convirtieron en su “refugio espiritual” desde los catorce años cuando ya participaba en varios retos en senderos nacionales.

Y es que en su adolescencia, Pérez quedó eclipsada por un documental de Vallejo que narraba una expedición en la cumbre más alta del mundo, el Everest, ubicado en la cordillera del Himalaya en Asia, a 8 848 metros sobre el nivel del mar.

“Cuando miré el audiovisual dije que yo quería estar ahí sin oxígeno y me lo propuse, fue un sueño de veinte años”, señaló Pérez para quien el documental
le inspiró a poner su mirada en las montañas más altas.

Recorrió los colosos ecuatorianos hasta que viajó a Francia en donde estudió Geoquímica y aprovechó para aprender tácticas de montañismo en el nevado Los Alpes, de 4 810 metros de altitud.

Su primera expedición al Everest fue en 2013 cuando experimentó un punto de quiebre. “A 300 metros de la cúspide tomé una decisión muy difícil: retornamos por cuestiones de frío (menos 30 grados). No logré la meta porque estaba en juego perder los dedos de mis manos o la vida de mis compañeros”, sustentó.

Sin embargo, ese declive la motivó para que tres años más tarde llegue “el día de ataque a la cima”. “Cuando alcancé la cumbre del Everest sin oxígeno pensé gritar y sentirme eufórica, pero sentí paz interior por cumplir mi sueño”, confesó la montañista.

Pérez que tiene claros los efectos de la altura en la duplicación de glóbulos rojos, la poca circulación de la sangre y la falta de oxígeno en el cerebro, se aventurará en explorar caminos que le recuerden cuando sintió que topaba el cielo encaramada en el Everest.

Su preparación es exigente y rigurosa, combina gimnasio, trote en montañas con peso en sus piernas o espalda, piques, halar neumáticos en subidas, escalada y alimentación con grasas saludables.

Cinco días de entrenamiento y dos días de descanso figuran en la rutina de la alpinista que, después del Everest, siente que es inspiración de muchos niños y jóvenes que empiezan sus travesías en las montañas.

Está convencida de que su historia es un motor en la vida de otros: “Se ha vuelto importante mi experiencia con niños que escalan y doy charlas de motivación”, señaló.

Certificada por la Asociación de Guías del Ecuador en guianza y entrenamientos en senderos ecuatorianos, Pérez está dentro del equipo montañista de ‘Somos Ecuador’ en el que ha conseguido sus mayores logros.
En 2009 Pérez se convirtió en la primera latinoamericana en escalar la pared sur del Aconcagua en Argentina, considerada una de las más difíciles y peligrosas del mundo en la que solo cuatro mujeres lo han logrado.

En dicha expedición, vivió momentos desesperantes junto a Vallejo, que ahora tiene 58 años, y el montañista Esteban Mena, porque no subieron por la ruta más conocida que, según ella, es “súper fácil”, sino por la pared sur,
que tiene 3 000 metros de desnivel.

“Casi me muero ahí porque nos equivocamos en la comida. No comí seis días, perdí 12 kilos, casi no salgo, pero al final salimos, escalamos”, recordó.

Además, en 2012 se convirtió en la primera ecuatoriana en escalar la montaña Cho Oyu, la sexta más alta de la Tierra de 8 000 metros sin oxígeno suplementario.

Según la montañista, en el mundo han ascendido al Everest alrededor de 9 000 personas, 160 de ellas sin tanques de oxígeno, y de entre ellas, siete fueron mujeres.

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