29 de enero de 2019 00:00

Antonio Ferrera: expresiva faena y dos orejas

El torero español espera sentado en el estribo que doble el bravo cuarto de la tarde al que desorejó por partida doble. Foto: tomada de la cuenta Twitter  @LaPlazaMexico

El torero español espera sentado en el estribo que doble el bravo cuarto de la tarde al que desorejó por partida doble. Foto: tomada de la cuenta Twitter @LaPlazaMexico

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Redacción Fiesta Brava  (I)

Dos orejas y puerta grande. Un colofón de triunfo que refleja el epílogo de una intensa puesta en escena del español Antonio Ferrera en la temporada grande mexicana.

Dos orejas que suman además un magro resultado numérico comparado con el despliegue artístico que puso en escena en sus dos tardes en la plaza más grande del mundo y la más importante de México.

En el interín otras tardes de éxito suma este torero en plenitud y madurez en América (Colombia y México).

El domingo se lidiaron seis toros de Villa Carmela, de buena presencia y variado juego, destacando los corridos en cuarto lugar (que debió ser premiado con arrastre lento) y el sexto de la tarde. Además, se lidió un toro de Xajay que regaló Arturo Saldívar, complicado por lo incierto.

Ferrera, ovación y dos orejas; Saldívar, aplausos en ambos y Silveti, silencio y pitos.

Diego Silveti
recibió doble cornada en el músculo gemelo en los pasajes finales de las lidia tras una fuerte voltereta.

Si en la primera tarde de esta temporada de Ferrera en la Plaza México la espada de privó de un doble premio, en esta segunda, la tizona también le dejó sin su oreja en el primer toro tras una faena con tintes barrocos en su concepto.


Pero el segundo de su lote, un bravo ejemplar que pedía pulso, pausas y una muleta inteligente, fue el material propicio para el bien labrado triunfo de Ferrera. Si bien durante los primeros tramos la pausa, el toreo de expulsión y sin mayores ajustes, aunque, eso sí, con mucho temple, marcaron la puesta en escena, una vez que el toro se entregó la cosa cambió de tono y de profundidad. Allí llegaron los muletazos en series de mucho temple y ciñendo la embestida, embebiéndose el diestro de toro y con altas cotas estéticas y toreo de fondo, donde la expresividad fue la tónica de cada muletazo tan artístico como fundamental, tan arrebatado de arte como de conexión con un público que terminó entregándose en aplausos y aclamaciones hasta que la estocada final y la resistencia de un toro a rendirse en su derrota prolongó el epílogo para conjuntar el triunfo al que, tras las orejas, solo le faltó la sensibilidad de un juez de plaza que ‘se dejó’ en su espuerta el arrastre lento del toro.

El lote que le correspondió a Arturo Saldívar fue el complicado de la tarde. Con mucho que torear el primero, que duró poco, solo dejó que el diestro muestre sus dotes de dominador en un toreo templado de compás abierto y temple.

El segundo se estropeó al salir de banderillas e inexplicablemente no fue cambiado por el palco. Saldívar regaló un sobrero de Xajay, un toro exigente y con una embestida incierta, que solamente fue el telón de fondo para que en él, Saldívar plasme su torería recia y limpia, sin opción de triunfo.

Diego Silveti no estuvo en su tarde, un bello quite en su primero y tres series templadas por ambos pitones en el sexto. Pero un trasteo intermitente no dieron la cota que el momento le exigía y para colmo una voltereta le dejó con una cornada y muchos abucheos.

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