Respirando Bienestar

Un espacio para hablar del bienestar que genera la práctica del ejercicio y la alimentación saludable en nuestro día a día. Aquí no hay espacio para solo el atún y la lechuga.

Paola Gavilanes

Paola Gavilanes

Licenciada en Comunicación Social por la U. Central del Ecuador. Colabora con Grupo EL COMERCIO desde el 2007. Trabajó en la sección Deportes, Tendencias y Construir. Ahora escribe sobre BIENESTAR. Deportista aficionada y amante de la comida hecha en casa.

¡Benditas canas pandémicas!

Hay que tomarse la vida con más calma. El estrés acelera la oxidación celular. Eso se traduce en un envejecimiento prematuro que afecta, principalmente, a la piel y al cabello. Foto: Pexels

¿Es mi idea o la pandemia -además de nuevas amistades, amores bonitos, ansiedad, depresión, incertidumbre- nos trajo un montón de rayitos plateados?  

Seguro ustedes coinciden conmigo: es una cosa de locos. En marzo del 2020, justo cuando el nuevo coronavirus llegó al país, tenía un par de canas; yo digo dos o tres. Nadie las notaba, eran casi invisibles. Por eso, supongo, juraba que jamás me volvería a pintar el cabello.  

Un año y medio después, las benditas canas se cuadriplicaron; como por arte de magia. Una prima dice que son cosas de la edad. Yo le respondo que es culpa de la pandemia. El estrés nos pasó factura. No puede ser cosa de la edad. Yo me veo, me siento y soy joven, y además en el gimnasio me pusieron 28 añitos. ¡Qué generosos son! 

Lo bueno de estas visitantes, que supongo me acompañarán hasta el último de mis días, es que aman la oscuridad; como yo, detestan llamar la atención. Se alojan en la parte posterior de mi cabeza

En lo que sí tiene razón mi prima es que si te las arrancas corres el riesgo de quedarte calva. Prometo que jamás me las volveré a quitar (risas). Me las sacaba cuando eran muy visibles; lo hacía porque me desestresaba.

En Fin. Después de la lección de vida que nos dio la pandemia solo nos queda aceptarnos y avanzar con la frente en alto, y claro, sacarles provecho a las canas.  

Por ahí leí (equivale a ‘un amigo me contó’) que esos rayitos plateados nos hacen ver mucho más atractivos e interesantes. Si no me creen observen las últimas fotografías de Ben Affleck, Robert Downey Jr. o Hugh Jackman. ¡Regios! Por si acaso esa apreciación también aplica para las mujeres.

De eso, precisamente, se dieron cuenta un par de amigas y se dejaron de teñir el cabello. Y ese camino seguiré yo. Se ven hermosas. Durante una década le intoxiqué a mi cabello con químicos para verme rubia y peligrosa (conseguí solo el primer propósito).  

Un día simplemente dejé de hacerlo; me enamoré del color que heredé y decidí copiar el ‘look’ de Shakira para recuperarlo. ¿La recuerdan? Su cabello era bicolor.  Ya llevó seis años libre de tintes y me gusta. Las benditas canas pandémicas no me harán esclava otra vez de la peluquería. Está decidido.

Lo que sí harán, y de eso estoy completamente segura, es motivarme a cuidar mucho más de mi salud física y mental. Por eso, ¡Qué vivan las canas! Si el estrés hizo que las canas se descontrolen, entonces la clave para retrasar su presencia radicará en controlar nuestras emociones y tomarnos la vida con más calma.  

PD: Hay estudios que afirman que el estrés acelera la oxidación celular. Eso se traduce en un envejecimiento prematuro que afecta, principalmente, a la piel y al cabello.

¿Cómo es su relación con las canas?
Los leo en [email protected]