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Subsidios y sus señales contradictorias

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Lunes 14 de enero 2019

Ecuador emprendió en la última década el cambio de su matriz energética con tres objetivos principales: mejorar la calidad del sistema eléctrico, garantizar la seguridad energética y reducir el consumo de combustibles, que son subsidiados y contaminantes.

El Gobierno anterior invirtió USD 12 000 millones en ocho hidroeléctricas -cuatro ya se han incorporado- y en nuevas líneas de transmisión. La capacidad instalada subió de 4 070 en el 2006 a 9 047 megavatios (MW) en este año. Pero esa energía está subutilizada. La demanda máxima en este mes alcanzó los 3 845 MW. Las inversiones se basaron en proyecciones que contemplaban proyectos como la refinería de Manabí o la ciudad del conocimiento Yachay -sobredimensionados y sin los suficientes estudios- que no llegaron a operar.

El cambio de matriz energética demandaba, además, integrar al plan a ciudadanos, empresas y gobiernos locales. Pero a ese trabajo le faltó impulso. La nueva energía debía cubrir la demanda generada por el ingreso de tres millones de cocinas de inducción, la incorporación de autos eléctricos e híbridos, el uso de electricidad en el sector camaronero, el Metro de Quito y el Tranvía de Cuenca, según el Plan Nacional de Electricidad 2013-2022. Solo los dos últimos tuvieron avances importantes. Esto pese a que un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calcula que la reducción del consumo de combustibles fósiles por el cambio de matriz energética de Ecuador podrían generar ahorros de USD 1 900 millones hasta el 2020.

El futuro del cambio de matriz es incierto. El actual Gobierno impulsa políticas que alientan el consumo de derivados, como la eliminación de impuestos para cocinas de gas, gravar a autos híbridos o mantener el subsidio al diésel para autos particulares y camaroneros. Si bien la reciente revisión a los subsidios es importante, es necesario seguir con el debate para que las políticas guarden coherencia con las inversiones hechas en el pasado.