El video es tan divertido que se volvió viral. Hasta este 2 de agosto del 2018, contaba con más de 19 millones de visualizaciones.

El video es tan divertido que se volvió viral. Hasta este 2 de agosto del 2018, contaba con más de 19 millones de visualizaciones. Foto: Captura

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Este niño se llevó el susto de su vida cuando su peluquero le hizo creer que le había cortado la oreja

Redacción Afull (I)

Vito DiPalma tiene 10 años y es todo un bromista. Un tiempo atrás, le dio un susto a su peluquero al poner una cucaracha de plástico sobre su mesa. Pero, al parecer, Vito no se imaginaba que el barbero Jude Sannicandro también fuera un experto en inocentadas.

“Hoy (con el permiso anticipado de sus padres) conseguí mi dulce venganza”, dice Sannicandro en un post publicado el pasado 27 de julio de 2018 en su cuenta de Facebook. “Una oreja de látex y sangre falsa. Tengo que darle crédito; manejó mejor la situación de lo que yo lo hubiera hecho a su edad”, escribió.

El video es tan divertido que se volvió viral. Hasta este 2 de agosto del 2018, contaba con más de 19 millones de visualizaciones. Ha sido compartido por los usuarios en casi 350 000 ocasiones, alcanzó casi 200 000 reacciones y generó 34 000 comentarios.


La broma comenzó con un pequeño brote de sangre falsa que salió desde la oreja de Vito. A continuación, Sannicandro le tapa la “herida” con una toalla de papel y le dice que esté tranquilo, que es un corte pequeño.

A medida que la sangre empieza a escurrirse cada vez más por la cara del niño, él comienza a entregarse al pánico. Al comienzo, no entiende muy bien lo que ocurre y llama a su madre. El barbero le dice que no la llame, que no es necesario que ella se entere. Le pide que cierre los ojos unos momentos.


Después, deja caer una oreja de plástico al piso. “¿Esa es mi oreja?”, pregunta Vito, a lo que Sannicandro responde que sí. En ese momento, el niño pierde la paciencia y llama a su madre. Cuando llega su progenitora, él le explica la situación y ella se ríe. “No es chistoso”, reclama el niño. Poco después, el barbero le dice que todo era una broma y que puede estar tranquilo. “Pero no lloré nunca”, dice orgulloso el infante.