La Unidad de Accidentología Vial de la Policía Nacional maneja la hipótesis de que el accidente de un bus el pasado martes 14 de agosto de 2018 habría sido ocasionado por una mala operación de los frenos. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

La Unidad de Accidentología Vial de la Policía Nacional maneja la hipótesis de que el accidente de un bus el pasado martes 14 de agosto de 2018 habría sido ocasionado por una mala operación de los frenos. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

#paraquecaches

¿Por qué fallaron los frenos del bus accidentado en Papallacta?



Redacción Afull (I)
17 de agosto de 2018 09:30

El accidente automovilístico que mató a 24 personas el pasado martes 14 de agosto de 2018 podría haber sido ocasionado por una mala operación de los frenos del bus en que se trasladaban las víctimas, según la hipótesis que maneja la Policía Nacional.

El pasado miércoles 15 de agosto, el jefe de la Unidad de Accidentología Vial de la Policía, aseguró que “posiblemente el conductor hizo un uso excesivo del pedal de freno y esto ocasionó que exista un recalentamiento de todo el sistema, que principalmente se vean afectados los componentes que son el tambor y las zapatas de las ruedas del vehículo, y cuando se da este fenómeno no tiene control ya del vehículo”.

Esto quiere decir que debido a la sobreutilización de los frenos, estos se habrían recalentado y podría haber ocasionado la cristalización de las zapatas. Este fenómeno puede llegar a ocurrir en los sistemas de frenado de tambor.

Pasa cuando el calor no tiene oportunidad de disiparse. Cuando el freno se acciona, las zapatas son presionadas contra el tambor, que generan fricción para detener el vehículo. Pero cuando el calentamiento del sistema es excesivo, el material de revestimiento de las zapatas disminuye su adherencia.

Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Debido a la fricción cada vez mayor, la temperatura de las zapatas aumenta considerablemente y comienza a deformar el tambor. Así, para conseguir un frenado aceptable, se vuelve cada vez más necesario pisar con mayor fuerza el pedal, hasta que en un determinado punto solo deja de funcionar.

El accidente del pasado martes ocurrió en Papallacta, donde “si tú pasas por ahí de madrugada, es muy factible que encuentres hielo. Esto ocurre cuando hay de 2 a 0 grados de temperatura”, asegura Luis Rodríguez, director del Instituto Movilis de la Universidad San Francisco de Quito.

Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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“Si alguien le hubiera dicho al conductor que en esas temperaturas la adherencia es muy limitada, posiblemente hubiera tenido un poco más de cuidado”, continúa Rodríguez. El académico explica que, una vez que se pasa la cima de la Virgen de Papallacta, comienza una serie de tramos semi-rectos en bajada. Muchos conductores aprovechan este tramo para ganar velocidad.

Sin embargo, poco después vienen una serie de curvas cerradas. Es en este sector donde ocurrió el accidente. “Los conductores descienden, dejan que el vehículo gane velocidad, no utilizan el sistema mecánico del motor para retenerla, sino los frenos exclusivamente. Y, claro, los frenos no frenan toda la vida”, considera Rodríguez.

Rodríguez asegura que, aunque este tipo de accidentes se catalogan como falla en los frenos, en realidad se trata de una falla humana. “Llegas al tramo final, donde necesitas frenar mucho más para entrar a las curvas, pero ya los frenos están totalmente recalentados y no funcionan. No es que fallaron los frenos, es que el conductor falló en operar el bus de una manera adecuada en ese sector”.