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Katy Bravo: ‘Los sueños que tenía mi hija se truncaron por un accidente’

Katy Bravo sostiene una foto de su hija Romina, en la sala de su casa. La mujer es oriunda de Loja. Foto: Cortesía

‘Una mujer que conducía su auto mientras hablaba por celular segó la vida de mi hija.

Romina tenía apenas 11 años de edad cuando fue atropellada. Ella caminaba por la vereda cuando un vehículo la embistió. Todo ocurrió en Loja, la tarde del 9 de mayo del 2015. Recuerdo claramente lo sucedido.

Ese día fue la Primera Comunión de mi sobrino Emilio. Luego de la eucaristía debíamos ir a una quinta, en el sector de Malacatos, para la celebración. Mi hija se adelantó con mi hermana Sandra a la recepción.

A eso de las 15:30 recibí una llamada de Sandra. Se escuchaba desesperada. Repetía una y otra vez que hubo un accidente, pero no me dijo nada más.

Con mi esposo Francisco llegamos a la calle Celica y 18 de Noviembre, en el sur de la ciudad. Lo primero que vi fue una ambulancia y muchísima gente. Me abrí paso entre los curiosos y vi a mi niña tendida en la calle. Ella se quejaba del dolor. Empecé a llorar y a gritar por ayuda.

Enseguida, unos paramédicos se bajaron de la ambulancia, colocaron a mi hija en una camilla y la trasladaron al hospital del Seguro Social (IESS) de Loja. Las lesiones de mi niña eran tan graves que fue ingresada a la unidad de cuidados intensivos (UCI). Estuvo dos días internada en esa área, pero no tuvo mejoría.

Por eso, los doctores decidieron trasladarla a un hospital en Quito.

Fuimos con ella en una ambulancia aérea. Llegamos a la capital en 45 minutos. En el trayecto, mi hija sufrió un infarto pero los médicos pudieron estabilizarla. Cinco días después de estar hospitalizada, los doctores nos dijeron que eran mínimas las posibilidades de que se salvara.

El 16 de mayo del 2015, a las 22:00, aproximadamente, los médicos nos dijeron que mi hija falleció. Esa era una noticia que nunca pensé escuchar. Estaba desconsolada. No podía creer que había perdido a mi Romina por la imprudencia de una conductora irresponsable.

Personas que estaban en el lugar del accidente vieron que esa mujer hablaba por teléfono cuando perdió el control del volante y la atropelló.

Después de unos días la conductora se presentó de forma voluntaria en la Policía y fue procesada por muerte culposa. Al mes de esto, el esposo de ella vino a nuestra casa a pedirnos que retiremos la denuncia, pero Francisco no aceptó. Recuerdo que le dijo lo doloroso que es tener que visitar a nuestra hija al cementerio y no poder abrazarla. Yo, en cambio, le dije que perdonaba a su esposa. Eso es algo que mi hija hubiese hecho.

Durante el proceso judicial, la Fiscalía presentó como evidencia los registros de llamadas del celular de la mujer y pidió informes a las empresas telefónicas de Loja, que certificaron que ella contestó una llamada segundos antes del accidente.

Cinco meses después de la muerte de Romina, la conductora fue sentenciada a un año de cárcel. Sin embargo, su abogado solicitó la suspensión condicional de la pena (ese recurso legal permite al sentenciado cumplir su pena en libertad). Un juez aceptó ese pedido y salió de la cárcel.

Hemos vivido momentos duros, pero el recuerdo de Romina nos ha dado fuerzas para seguir. También quisimos que lo ocurrido con mi hija sirviera de ejemplo para otros conductores y así evitar que ocurra este tipo de accidentes. Así, en enero del 2016 creamos una fundación, sin fines de lucro, con el nombre de mi pequeña. La idea surgió durante el velatorio de ella. Con Francisco decidimos formar esta organización y tuvimos la ayuda de familiares y amigos.
El objetivo de la fundación es concienciar a las personas que cuando conduzcan no usen el celular, no manejen bajo efectos del alcohol y que respeten las señales de tránsito.

Esta organización está conformada por 30 personas. Entre nosotros autogestionamos las actividades que realizamos periódicamente.

Al principio recorrimos las calles de Loja con pancartas y mensajes sobre la importancia de conducir con los cinco sentidos. En estos años se han unido a la fundación otras familias que vivieron lo mismo que nosotros.

Recuerdo también que cuando se cumplió un año del fallecimiento de Romina, pintamos un corazón azul en el lugar donde ella fue atropellada.

A ese lugar acudieron nuestros familiares, miembros de la fundación y también las amigas de la escuela de mi hija. Estaba en séptimo de básica.

Hace cinco años decidimos trabajar en prevención de accidentes para que más gente no sufra este dolor inigualable que vivimos. Mi otro hijo, de 8 años, quedó afectado psicológicamente por perder a su hermana.

Por eso me parece ilógico que en las reformas a la Ley de Tránsito, que aprobó la Asamblea Nacional, se haya eliminado la reducción de puntos a la licencia a quienes conducen mientras utilizan el celular. Solo los que hemos pasado por una situación similar sabemos los riesgos que implica usar el teléfono al conducir. Además, al aprobar esas reformas no consideraron que esta es una de las principales causas de accidentes.

Mi hija tenía toda una vida por delante. Ella soñaba con muchos proyectos, con ser bailarina profesional; estudiaba ballet en una academia de danza en Loja. Es terrible saber que en cuestión de segundos, todos los sueños de mi niña se truncaron”.

La vida

Romina Pardo Bravo tenía 11 años de edad. La niña nació en Loja y cursaba el séptimo de básica en la ­Escuela Materdei, en esa misma ciudad. Su madre, Katy Bravo, tiene 46 años y nació en Loja, en 1975. También tiene un hijo adolescente de 13 años. Ella y su esposo, Francisco Pardo, encabezan la fundación que lleva el nombre de su hija, quien falleció en un accidente vial. Esa organización se constituyó en el 2016.