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El olfato entrenado de un ejemplar canino evitó que un cargamento de droga saliera de la capital camuflado en productos alimenticios procesados. En medio de los controles rutinarios a las encomiendas internacionales, la perra detectora Becky identificó un lote de cocaína oculta en chocolate en polvo que pretendía ser despachado por vía aérea con destino al continente europeo, impidiendo que el narcótico llegara a los centros de consumo internacional.
La intervención se produjo este martes 29 de septiembre de 2026, en las bodegas de una empresa de correos y paquetería situada en el sector del aeropuerto de Quito. Mientras se desarrollaba la verificación técnica de los bultos, Becky dio una alerta positiva ante una funda plástica amarilla.
Los agentes de la Unidad Nacional de Investigación de Puertos y Aeropuertos (UIPA) procedieron a revisar de inmediato el interior y hallaron seis fundas de comestibles contaminadas con una sustancia terrosa de tono café.
Luego de separar el paquete con la cocaína oculta en chocolate, los peritos del Servicio Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses tomaron muestras para someterlas a reactivos químicos.
Las pruebas de campo determinaron con exactitud que el polvo correspondía a clorhidrato de cocaína. El pesaje técnico arrojó un total de cuatro kilos con 211 gramos, lo que representa unas 42 110 dosis que quedaron fuera del circuito de distribución ilegal.
Las indagaciones establecieron que la encomienda contaminada con la cocaína oculta en chocolate tenía como destino final los Países Bajos. En territorio ecuatoriano, el estupefaciente alcanzaba un valor estimado de 9 580 dólares; sin embargo, al desembarcar en el continente europeo, su precio comercial ascendía a 196 864 dólares, multiplicando los márgenes de ganancia para las estructuras delictivas transnacionales.
La retención de la cocaína oculta en chocolate formó parte de la operación denominada Chocolate Impregnado, desarrollada por la Dirección Nacional de Investigación Antidrogas bajo la estrategia operacional 3D junto a la Unidad Nacional Canina (CRAC).
El procedimiento evidenció la efectividad de las inspecciones olfativas en terminales de mensajería para contrarrestar nuevas modalidades de camuflaje en alimentos.