5 de August de 2011 00:02

Se hicieron inversiones en las UPC, pero no se redujo el delito

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Afuera del Coliseo Julio César Hidalgo está una carpa donada por un comerciante de la Subzona Segura Tola Colonial. Los seis uniformados de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) enfrentan  allí uno de los mayores problemas de su área de cobertura: la venta de marihuana y de drogas.

Esta UPC cubre los barrios Argentina, El Dorado y San Blas.  Ayer al mediodía, el subteniente Johny Chamorro recibió de dos de sus compañeros dos fundas pequeñas de marihuana incautadas durante una ronda. Es común hallar paquetes bajo autos, en los árboles o entre las piedras.

María H. (nombre protegido) tiene un local en la zona. Para ella, la presencia de los policías ayuda, pero el problema persiste.  “Esos muy vivos.

Dan vueltas hasta que se va el patrullero y de ahí vuelven. Los negocios en la vereda son pura alcahuetería”.  Ella habla de los alrededores del Mercado Central y del coliseo. Hay ventas de frutas, hortalizas, verduras, etc. Según la mujer, en muchos de esos canastos hay droga.

Chamorro considera que otra zona peligrosa es la av. Gran Colombia, por los arranches. Pero cree que con la colaboración de la gente se han mejorado las condiciones de seguridad del sector. Ahora hay tres comités de seguridad y a través de la UPC se han hecho capacitaciones para los vecinos. Esperan la instalación de las alarmas comunitarias.

Cuando Chamorro llegó, apenas había un comité. Lourdes Soria fue una de las personas activas del sector. Ella y sus vecinos trabajaron desde hace seis años  para conseguir la UPC, que se abrió hace 12 meses. “Poca gente va a las charlas. No le dan importancia al tema, pero  se quejan de la inseguridad. No entienden que hay que colaborar, informarse y conocer a los policías”.

Según el informe de los dos años de gestión del alcalde Augusto Barrera, en su período se construyeron 13 UPC y se rehabilitaron 16. También se conformaron 350 Comités de Seguridad Barrial, que se sumaron a los 400  existentes. Se invirtieron USD 15,4 millones, en las 270 UPC,  que no fueron suficientes para mejorar la situación. Las estadísticas del Observatorio de Seguridad muestran un alza en los índices delictivos, especialmente en los homicidios y en los robos en la calle y a domicilios. Los estudiantes son las principales víctimas de los delincuentes.  

El Burgomaestre reconoce que la seguridad ha sido un tema complejo para el Cabildo. Apunta a tres elementos nuevos: el aparecimiento de hechos de extrema violencia, nuevas formas delictivas y los indicios de crimen organizado en la ciudad.

En su opinión, las soluciones rebasan el ámbito municipal: el fortalecimiento  de la capacidad tecnológica de Inteligencia y reacción de la Policía, el sistema de justicia del país y el sistema de rehabilitación.

En el Distrito hay buenos ejemplos de organización barrial. Hace cuatro años, los vecinos del barrio Rumipamba, en el norte, se organizaron con su UPC para combatir  la inseguridad. Para Hugo Villavicencio, del Circuito de Rumipamba, la clave fue hacer que los vecinos se conozcan. “Fue un esfuerzo bárbaro, porque muchos ni se saludaban, ahora se conocen y son solidarios entre sí”.

Uno de los logros de este trabajo mancomunado fue el rescate del espacio público.  Según Freddy Echeverría, secretario del Comité Seguridad del barrio, los vecinos se apropiaron de su territorio y ejercen control sobre el mismo.

Por ejemplo, antes, el parque era foco de inseguridad, consumo de licor, riñas y de asaltos. Actualmente, está cercado con mallas y en su alrededor hay rótulos que advierten que el ingreso está restringido. En las noches se cierra el  lugar. Hay un guardia  privado.

Echeverría, quien sufrió un secuestro exprés en la puerta de su casa, comentó que se logró sacar a una red de vendedores de marihuana, que operaba en el parque. La UPC de la zona tiene cinco años. Junto a los vecinos, los policías aplican  el programa Local Seguro. Consiste en controles y patrullajes permanentes.  

Además, el policía León del Cofre, tecnólogo en seguridad, hace una inspección física de los locales, les entrega recomendaciones sobre la vulnerabilidad y medidas para reforzar la seguridad. Se han hecho 80 visitas.

Para Diana Trujillo, administradora de Fybeca, este patrullaje es un apoyo para el personal y para los clientes. “Nos sentimos un poco más seguros”. Esta farmacia ha sido asaltada tres veces.  Similar opinión tuvo Mini Cuesta, cajera de Panificadora Ambato. “Cuando vemos un sospechoso o a alguien rondando, llamamos a la UPC y vienen enseguida”.

Los miembros de la directiva asisten a la Escuela de Seguridad del Municipio. El propósito es aplicar los lineamientos en el barrio.   Los vecinos del barrio Rumipamba tienen una página web www.rumipamba.ec.tl,  a través de la cual se informa de las acciones contra la inseguridad.

Para Barrera, hacen falta 600 policías para reforzar el trabajo de las unidades comunitarias.

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