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Moradores de Puertas del Sol atemorizados por condiciones de la quebrada Carretas

Vista de la quebrada Carretas, en el barrio Puertas del Sol, en Carapungo, norte de Quito. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Las casas de Miriam Quinteros, de 54 años, de Estefanía Pabón, de 30, y de Luz Arévalo, de 73, tienen algo en común: las paredes y pisos están agrietados, debido a la erosión del suelo causado por las lluvias y las descargas de aguas domésticas. 

Estos predios son parte de los 98 afectados en el barrio Puertas del Sol, ubicado en Carapungo, en el norte de Quito. De ellas, 40 están en riesgo y de este último, cinco fueron catalogados de alto riesgo. La información consta en la página del Municipio de Quito. 

Ante ello, el nuevo alcalde, Santiago Guarderas, informó el martes 5 de octubre del 2021 que se declaró la emergencia en la cuenca del río Monjas, los elementos constitutivos y las franjas de protección de su afluente en la Quebrada Carretas.

Esto implica que se tomarán las acciones inmediatas para encontrar soluciones. “Recordemos que estos son problemas que pueden causar la pérdida de vidas que es lo más grave. Por eso las distintas instituciones municipales deben trabajar de manera conjunta para mitigar, en el menor tiempo posible, los riesgos que se podrían dar”, explicó el alcalde Guarderas.

Sin embargo, en el barrio aún no se han visto trabajos para mejorar sus condiciones. Lo señala Estefanía, quien nació en ese sector y es presidenta del colectivo Vigilantes de la quebrada Carretas. 

Ella cuenta que el problema surgió en el 2004. En ese año comenzaron los inconvenientes en esta zona, ya que la quebrada empezó a ceder. “Antes podíamos cruzar, pero ahora hay un espacio de más de 25 metros y una profundidad de más de 30. Esto se ha ido cayendo y continúa. De hecho, miren el polvo que se levanta en este momento”. 

Eso también se evidencia en los pisos y paredes de las viviendas. Estos lucen grandes grietas que han sido tapadas con cemento y con plásticos. Eso último para evitar la filtración de agua de la lluvia. “Es muy inseguro”, acota Estefanía. 

Miriam vive junto a Estefanía. Hace 18 años, ella migró a Italia, para mejorar la calidad de vida de su familia. Con su trabajo compró el terreno a un costo de USD 12 000 y destinó USD 65 000 más para edificar la casa y un negocio. 

“Era un sector hermoso, con muchos árboles en donde mis tres hijos jugaban. Hoy tenemos miedo, porque todo se está desmoronando. Siento mucho temor”. 

Hace unas semanas, ella colocó un plástico negro en las paredes del cerramiento posterior de su casa. Además, puso cemento en el patio para tapar la grieta. “Ya no podemos permanecer en esa parte de la vivienda”. 

Luz, adulta mayor que vive sola en su casa, cuenta que siente temor, en especial, cuando llueve. “Parece que todo tiembla y temo que se siga cayendo la quebrada”. 

Desde el parque de esta localidad se observa la situación que viven estos moradores. Se alcanza a visualizar unas tuberías, por las cuales sale aguas de color oscuro y sale espuma de color blanco. “Tenemos miedo”, insisten las tres moradoras.

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